Cuba: el tabĂș de Gabriel Boric

Ex-Ante

La firme posición de Gabriel Boric ante la situación política, social y humanitaria venezolana contrasta con su mirada sobre el régimen cubano. ¿Por qué?

Los temas que fundamentan la objeción al régimen de Maduro son pråcticamente los mismos que la isla ha venido sufriendo desde hace mås de 50 años: ausencia de democracia, persecución política a opositores y disidentes, violaciones a los derechos humanos, falta de libertad de prensa, la presencia de un fuerte aparato represor de la sociedad civil y la imposición de una ideología de inspiración totalitaria que orienta al régimen. Ni hablar de la miseria y la inmigración, como consecuencia de la falta de libertades y desarrollo.

Entonces, ÂżquĂ© tiene Cuba que no tenga Venezuela, que hace que las convicciones presidenciales democrĂĄticas se activen de manera selectiva ante un caso, pero no el otro? En lo concreto, nada, pero en lo simbĂłlico, mucho. Comenzando por el hecho de que, para el Partido Comunista de Chile, Cuba es la reserva moral —aunque bastante inmoral a estas alturas— del proyecto revolucionario.

Para el PC, Cuba constituye una lĂ­nea roja de defensa en materia internacional, infranqueable e invariable en el tiempo. Tras la caĂ­da del Muro de BerlĂ­n y los socialismos reales, es el Ășltimo bastiĂłn al que aferrarse en el imagomundi comunista.

Incluso las tendencias mås heterodoxas del PC pueden tocar o mencionar algunos aspectos cuestionables del régimen de Ortega en Nicaragua y, mås recientemente, esbozar líneas críticas al de Maduro en Venezuela, pero a Cuba no se le toca nunca, ni con el pétalo de una rosa.

Inconscientemente, a la usanza del viejo AristĂłteles, quien clasificaba a los regĂ­menes polĂ­ticos en sus versiones puras o imperfectas, los comunistas comienzan a visualizar a Venezuela como una forma desviada del ideal revolucionario, cuyo tipo ideal, por cierto, continĂșa siendo Cuba.

En este esquema, para la izquierda mĂĄs radical incluso podrĂ­a llegar a ser funcional tener permanentemente bajo el escrutinio pĂșblico a Venezuela, con un lĂ­der tosco, sin Ă©pica y sin mayor contenido como el de NicolĂĄs Maduro, puesto que el efecto prĂĄctico de la tragedia venezolana es que ya casi nadie habla de Cuba. Aunque parte importante del sostĂ©n al rĂ©gimen de Maduro estĂĄ dado por el aparato de seguridad e inteligencia que provee La Habana. En mayo de este año, el Presidente de Cuba, Miguel DĂ­az-Canel, en una reuniĂłn bilateral con el canciller venezolano YvĂĄn Gil, declarĂł: “Venezuela puede contar con Cuba para lo que sea”. A confesiĂłn de parte, relevo de pruebas.

Cuba como delirio intelectual latinoamericano

La RevoluciĂłn Cubana fue un faro incandescente para prĂĄcticamente toda la izquierda latinoamericana. BastarĂ­a recordar cĂłmo la intelectualidad de izquierda se rindiĂł a los pies del proyecto revolucionario a finales de los 50 e inicios de los 60, proceso muy bien descrito por el ensayista colombiano Carlos GranĂ©s en Delirio Americano. El Nobel de literatura Mario Vargas Llosa es quizĂĄs el mejor exponente de este fenĂłmeno.

Vargas Llosa, como tantos otros, vio en el comunismo una primera ilusión utópica, con el asalto al cuartel Moncada como gran hito que parecía aunar el ideal de socialismo y libertad, irradiando un espíritu de heroísmo y esperanza. Vargas Llosa llegaría a ser parte de un comité cultural de apoyo a la Revolución; sin embargo, poco a poco, la idea mítica de ésta se fue consumiendo a ojos de este agudo observador.

El escritor serĂ­a testigo de cĂłmo, progresivamente, Castro concentrĂł el poder a la usanza del modelo soviĂ©tico, de modo implacable y extremadamente intolerante con toda forma de disidencia, llegando al extremo de habilitar las Unidades Militares de Ayuda a la ProducciĂłn (UMAP), una forma eufemĂ­stica para denominar a los campos de concentraciĂłn donde se entremezclaban contrarrevolucionarios, delincuentes y homosexuales, aunque tambiĂ©n artistas: pintores, poetas y periodistas, quienes eran apresados y sometidos a los mĂĄs variados vejĂĄmenes por representar valores contrarios a la “moral revolucionaria”.

El punto de quiebre entre Vargas Llosa y la RevoluciĂłn estuvo dado por el caso de Heberto Padilla, un poeta cubano que asumiĂł un rol crĂ­tico frente a las polĂ­ticas culturales de la RevoluciĂłn, pese a ser, paradĂłjicamente, un ferviente adherente de ella. Padilla serĂ­a encarcelado y sometido a una performance estalinista: fue forzado a inculparse pĂșblicamente a travĂ©s de una ridĂ­cula confesiĂłn. Tras el caso Padilla, junto a Vargas Llosa, otros intelectuales como Sartre y Susan Sontag firmaron un manifiesto de protesta en contra de la RevoluciĂłn. Luego del quiebre con Ă©sta, Vargas Llosa declarĂł que recuperarĂ­a su plena libertad. ÂżSe preguntarĂĄ Boric si es posible ser plenamente libre gobernando con el PC?

Luces y sombras

Un tema tabĂș es un tema que se soslaya, una verdad que no se toca. El presidente Boric, consciente del ascendiente que genera la RevoluciĂłn cubana en su sector, ha sido muy cauto y tĂĄctico en su evaluaciĂłn del rĂ©gimen de La Habana.

Ya como diputado, un joven Gabriel Boric tuiteĂł en 2016 en homenaje a Fidel Castro tras su muerte: “Yo me muero como viví
 mis respetos comandante”. Durante el debate de las primarias presidenciales de Apruebo Dignidad de 2021, coincidiendo con las protestas mĂĄs importantes contra el rĂ©gimen cubano en dĂ©cadas, Boric afirmĂł en cadena nacional: “No tenemos que elegir entre condenar el bloqueo y las violaciones a los derechos humanos”.

Finalmente, ya como presidente, la apertura a una lĂ­nea mĂĄs crĂ­tica exhibida durante el debate con Jadue se disiparĂ­a, porque en 2023, ante la Asamblea General de Naciones Unidas, Boric volviĂł a mostrar condescendencia hacia el rĂ©gimen, al decir: “Declarar que Cuba es un paĂ­s que promueve el terrorismo no solo es falso, nos violenta”.

Romper con la burda dictadura venezolana a estas alturas constituye un mĂ­nimo civilizatorio para un demĂłcrata, y Boric, al menos en el plano de las formas, ha estado a la altura de aquello, proyectando un halo de luz en el sombrĂ­o panorama de mutismo ante la tragedia venezolana que habĂ­a primado en la izquierda latinoamericana. Pero cuando hablamos de libertad, derechos humanos y democracia, no bastan los compromisos parciales. La proyecciĂłn lĂłgica del cuestionamiento a la dictadura venezolana debiera, en algĂșn momento, llevar a la dictadura cubana.

Eludir la crĂ­tica a Cuba mientras se denuncia a Venezuela es como intentar sobreponer una sombra a otra; lejos de disimularla, solo proyecta una sombra mĂĄs grande.

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