El pánico del recorte

El Mercurio

Cada recorte presupuestario suele desatar la alarma de que todo empeorará. Pero, lamentablemente, los recursos no son infinitos, ¿cuándo lo vamos a entender? Por ello, para financiar con recursos públicos nuevas prioridades hay que reducir gastos en otras en que el beneficio social es menor. Gastar menos no siempre significa hacer menos, sino usar mejor los recursos.

El Presupuesto del Mineduc para 2027 ofrece un ejemplo: después de una década en que los recursos para educación superior han aumentado 136%, mientras los de jardines infantiles han disminuido 5%, es acertado y una buena señal reducir los primeros para priorizar la educación parvularia y escolar. La evidencia es robusta en señalar el mayor impacto para la sociedad de invertir en educación para los niños en relación con los jóvenes y adultos.

Además, al analizar el presupuesto de educación superior salta a la vista el responsable de tan significativo aumento del gasto, la gratuidad, y sus problemas, su falta de focalización.  Según la encuesta Casen 2024, casi uno de cada cinco beneficiarios pertenece a los dos quintiles de mayores ingresos, cuando su foco es el 60% más vulnerable. El gasto asociado se estima en cerca de $500 mil millones anuales: más que lo destinado solamente a la atención en jardines de administración directa de JUNJI. Esto exige revisar los mecanismos de verificación, incluido el Registro Social de Hogares.

Un buen presupuesto no es el que más crece, sino el que mejor responde a las necesidades actuales. Recortar para reasignar según el impacto educativo es poner primero a quienes más lo necesitan.

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