La Convención de Rojas Vade

Simbólicamente al menos, el convencional Rodrigo Rojas Vade representa en buena medida lo que es el espíritu de la convención constitucional. Representa algunos de los valores que han animado la esencia del proceso: la destrucción del Chile de hoy y de ayer, para reemplazarlo por una ilusión: algo que no existe y que está sólo en la mente de las mayorías al interior de la convención, como sería, por ejemplo, la existencia de varias naciones al interior de Chile.

Representa también la violencia que dio origen a este proceso, según reconocen muchos, y que es de la esencia de éste, según otros, lo que incluso justificaría un indulto a quienes cometieron delitos en el marco del estallido del 18 de octubre. Citando al propio convencional al referirse a Chile: “que sea para todos una gran mierda, o que no sea pa nadie”. Pocas frases podrían reflejar mejor el espíritu del octubrismo que esa.

Pero representa también, y eso es lo que realmente avergüenza a sus colegas, el engaño, la mentira, que incluso podría calificarse de estafa. Rojas Vade mintió descaradamente a sus electores, simuló estar enfermo de cáncer, lo que era falso, y llevó la impostura tan lejos como para difundir fotos y videos que lo presentaban como tal y solicitar dinero para tratar su supuesta enfermedad.

Una vez descubierta su trampa, con el escándalo mediático correspondiente, él ha seguido cobrando su remuneración e incluso ha mantenido contratados a “asesores” con cargo a todos los chilenos. Pese a ello, los órganos de la comisión no han sido capaces de excluirlo completamente de su cargo, supuestamente porque no podría renunciar. Incluso la comisión de ética de la convención (en nombre de la ética se cometen a menudo las mayores transgresiones a ella), que ha sancionado a convencionales por repetir las expresiones de algunos colegas (Marcela Cubillos) o hacer una crítica política a otro (Arturo Zúñiga), ha propuesto sancionarlo sólo con una parte de su sueldo, lo que aún no se materializa porque en este caso aún no se ha resuelto.

La reaparición en escena de Rojas Vade provocó el pánico en la izquierda. Su presencia en la convención a estas alturas del proceso, en que se discuten ya contenidos de la propuesta de nueva constitución, amenaza con dejar la sensación de que Rojas Vade es la convención. Sin embargo, quienes controlan la convención, con el descaro que son capaces de exhibir, acusan ahora al Senado de ser culpable de esta situación.

Su alambicada maniobra discurre sobre la base de que el Senado no ha tramitado con suficiente rapidez una moción parlamentaria que permitiría el reemplazo de Rojas Vade. Es decir, el Senado tendría que movilizarse para no provocarle un perjuicio político a la izquierda, pues la constitución establece en su artículo 51 que “los parlamentarios (y por extensión los convencionales) que son elegidos como independientes no serán reemplazados.” Como algunas normas se han aprobado justo con los 103 votos necesarios, y otras rechazadas, la izquierda no quiere correr el riesgo de perder algunas votaciones y por eso quiere alterar, una vez más, los acuerdos anteriores entre los cuales está que los convencionales independientes no se reemplazan.

Es decir los chilenos pueden esperar diez años para que se resuelva la crisis migratoria con el proyecto de ley que se presentó en Piñera 1, o quince años luego que Mario Marcel  presentara el Informe sobre el sistema de pensiones que le encargó la Presidenta Bachelet, pero cuando se trata de arreglar los problemas de los políticos, como el error en la inscripción de parlamentarios hace algunos años, o el riesgo de que se pierda un artículo en la convención, se pide al Senado que corra a proveer una solución.

Como lo han señalado destacados juristas, Rodrigo Rojas Vade puede renunciar por problemas de salud (los tiene, aunque no sea por un cáncer) previa calificación del Tribunal Constitucional. También la Fiscalía podría condenarlo en el proceso por estafa que está vigente. Lo que no es aceptable es que el Senado ceda a la presión ilegítima que ejercen los convencionales de izquierda, incluido Rojas Vade, para que corra a resolverles sus problemas políticos.

 

Columna de Luis Larraín, Presidente del Consejo, publicada en El Líbero.-