LA DEMOCRACIA BAJO ATAQUE

Preocupa que en Chile un grupo de convencionales dibuje, en un proyecto constitucional, el país que imagina, lesionando instituciones como la separación de poderes, igualdad ante la ley y democracia representativa; todo ello guiado por unos pocos audaces que han conducido este proceso desde sus inicios para instalar su soñada hegemonía. Ahora a nivel global, la invasión de Rusia a Ucrania lleva la amenaza contra la democracia a todo occidente, al alterar el orden mundial.

Éste, desde la paz de Westfalia, se sustenta en el equilibrio de poder, en este caso entre diferentes potencias. Adolf Hitler lo desafió cuando impuso su tesis del Lebensraum (espacio vital) alemán que incluía a Austria (anexada) los Sudetes, ocupados en forma incruenta y Polonia (invadido militarmente), lo que desató la Segunda Guerra Mundial en 1939.

Hoy Vladimir Putin se da el lujo de desafiar el fin de la Unión Soviética para revivir un Imperio Ruso (su espacio vital) que incluye a Ucrania, Bielorrusia y quizás cuantas naciones más. Esto ocurre en un momento de particular debilidad del liderazgo occidental, con Angela Merkel retirada y un Olaf Scholz recién asumido, Boris Johnson desprestigiado y un Joe Biden que no es capaz de despejar la inquietud sobre la inutilidad de sus sanciones a Rusia para disuadirlos de invadir Ucrania, que defiende heroicamente lo que queda de una nación abandonada a su suerte por Occidente.

La indefensión de Occidente frente a la amenaza totalitaria es preocupante. La disuasión ha sido nula. Joe Biden no superó la prueba frente a la prensa al anunciar sanciones económicas que tendrían efecto en “algunas semanas”, mientras en ese momento morían soldados ucranianos. Tampoco justificó el que las sanciones no contemplaran la exclusión de Rusia del Swift, sistema de transferencias internacionales de dinero. Fue evasivo ante preguntas sobre la posición de distintas potencias, incluidas China e India.

Pero no es sólo Biden quien no da seguridad. La ONU ha mostrado una vez más su inutilidad y la OTAN exhibe una inquietante carencia de liderazgo. Uno se pregunta por qué si esta amenaza rusa a Ucrania tiene precedentes el año 2014, la burocracia no fue capaz de dar el manto protector de la OTAN a Ucrania en el intertanto; y Putin por el contrario configuró el escenario que le permitió invadir, alegando realidades regionales conflictivas al interior de Ucrania que, existiendo, no dejan de ser un pretexto ante un ataque a Kiev. La política ha fallado lamentablemente otra vez y la sensación es que los valores occidentales de democracia, respeto a los derechos humanos y libertad de prensa, entre otros, están bajo ataque.

Está por verse el rol que jugarán las sanciones económicas en un mundo globalizado y preocupa la incapacidad de la democracia para defenderse de sus enemigos, aquí en Chile y en el mundo.

 

Columna de Luis Larraín, Presidente del C0nsejo, publicada en La Tercera.-