El joystick de la Convención

La información sobre la Convención nos inunda. El ciudadano está confundido, pues se avanza en forma vertiginosa despachando en un día textos que apenas se discuten. Es cierto que en los seis meses anteriores se ha deliberado, pero sobre procedimientos, no sobre la eficacia de distintas reglas que permitan vivir en armonía. Hemos escuchado también mucha retórica vacía, como “perspectiva de género”, “pluralismo judicial” o “regiones autónomas”, cuyo contenido no se especifica, pero queda instalada de modo que pueda incluirse luego en el texto constitucional.

Pero ojo, no nos engañemos: no estamos solo ante un grupo de loquitos que se disfrazan y hacen declaraciones disparatadas. Los que están en eso solo son corifeos; hay un grupo pensante, que ha planificado esto con tiempo luego de concluir que la Constitución debía cambiarse por las buenas o por las malas. Ellos tienen hoy el joystick de la Convención y no lo soltarán. Fernando Atria y Jaime Bassa dirigen la maniobra; Gaspar Domínguez ha venido a sumárseles; Marcos Barraza, comunista, aunque no se subordina a ellos, comparte la mayoría de sus objetivos.

En esta planificación, que se sostiene en que el Partido Comunista, el Frente Amplio y grupos afines tienen mayorías suficientes para lograr dos tercios, destacan dos planos: uno formal y otro de fondo.

En lo formal, la estrategia ha sido retrasar lo más posible la aprobación del texto, de manera que ella pueda hacerse con la mínima discusión. Por eso se demoraron tanto en los reglamentos y ahora estamos con los plazos encima. Cuando se objetan cuestiones como el pluralismo jurídico, que implica que la justicia no es igual para todos, ya que distintos grupos serán juzgados con criterios diferentes, ellos dicen que la votación en particular se encargará de que se respeten los derechos fundamentales de todos, pues ese es el límite que se ha puesto al pluralismo jurídico. Pero la comisión de derechos fundamentales aprobó el aborto libre y rechazó la objeción de conciencia del personal de salud, mostrando lo que opina sobre la igualdad ante la ley.

Se trata de una estrategia circular, en que supuestamente una nueva instancia perfeccionará los textos, pero no lo hará excepto que el griterío sea muy grande. Por eso es valiosa la iniciativa de los “Amarillos” que lidera Cristián Warnken: la opinión pública es el único contrapeso. Esta dinámica circular provocaría un descalabro de funcionamiento, en materia regional, por ejemplo. Pero eso no les importa.

Porque en el fondo no quieren igualdad ante la ley ni un país que funcione, sino preferencias para quienes, según dictamine la Convención, han sido perjudicados en el pasado. Acreditado ese daño, pretenden legitimar la expropiación y el despojo, su verdadero objetivo. La lucha para derrotar el delirio refundacional comienza ahora.

Columna de Luis Larraín, Presidente del Consejo, publicada en La Tercera.-