Boric y Figueroa

La llegada de marzo nos recuerda las palabras del próximo Presidente Gabriel Boric, quien hace más de un mes sostuvo que -a propósito de la pandemia- las escuelas debieran ser lo último en cerrar y lo primero en abrir. Con estas se suma a lo ya resuelto por el actual ministro de Educación, Raúl Figueroa, y deja atrás -espero- la férrea resistencia que, en su calidad de diputado, opuso a éste y a sus esfuerzos por impulsar las clases presenciales en el país. A la historia pasará su apoyo a iniciativas legislativas para impedir que las escuelas abrieran sus puertas e incluso la acusación constitucional con que su sector pretendió destituir al titular del Mineduc.

Ciertamente, el ministro Figueroa merece una mención aparte. A pesar de la continua oposición, en un comienzo hasta desde su propio sector, en todo momento buscó el bienestar de los estudiantes del país, trabajando así con la convicción de estar siguiendo las recomendaciones de diversos organismos internacionales y especialistas. Gracias a ello, en 2021 Chile fue uno de los pocos países de la región que de acuerdo a Unesco logró cerrar el año escolar con la totalidad de sus escuelas abiertas. Ojalá más adelante y con mayor distancia, cuando se recuerde a quienes tuvieron un rol preponderante para sobrellevar las dificultades impuestas por la pandemia, se reconozca y agradezca al ministro por el gran esfuerzo desplegado.

No obstante, hace ya un buen tiempo que la educación en Chile está demasiado sometida a la política y a la presión que ejercen grupos de interés organizados; y antes que la evidencia y las lecciones que otorga la experiencia, a menudo las decisiones se ven influidas por lo que estos exigen. Un ejemplo es el Colegio de Profesores que, como viene siendo la tónica, se ha manifestado contra la presencialidad, en una actitud que a estas alturas está entre las menos constructivas de la pandemia. Triste imagen la que ha dado el gremio; ojalá los profesores de Chile, la mayoría de los cuales se ha sacado la mugre por sus estudiantes durante todo este tiempo, puedan pronto ser representados por alguien que esté a la altura.

En la misma línea, recientemente el alcalde de Recoleta, Daniel Jadue, puso en duda la apertura de los colegios que administra su municipio. Afortunadamente, otros líderes comunales de su coalición salieron pronto a desmarcarse de él y, en cambio, a alinearse con el giro de Boric. Si bien ello no borra el daño que su sector ya infligió a los estudiantes y familias del país, al menos da cuenta de un cambio positivo e imprescindible. Pues que los niños asistan a la escuela es apenas el primer paso para poder enfocarse en el verdadero y enorme desafío que será la recuperación de los aprendizajes, especialmente de quienes se han visto más perjudicados, en parte por el obstruccionismo que desplegó la actual oposición y que todo indica ésta no sufrirá siendo gobierno.

 

Columna de María Paz Arzola, Coordinadora del Programa Social, publicada en La Tercera.-