Realismo con Renuncia

Hay distintas percepciones acerca del legado de Michelle Bachelet. Se le cuestiona que en sus dos gobiernos haya sido sucedida por Sebastián Piñera. Pero independientemente de su evaluación de mérito, en el campo en que sí trascendió fue en el de las frases para la posteridad. Se le recuerda principalmente por dos: “cada día puede ser peor” y “realismo sin renuncia”.

La primera, pronunciada a propósito de terremotos y desastres naturales la persiguió durante su mandato y hay quienes afirman que incluso se traspasó como maldición a la administración de Piñera quien no cumplió su promesa de tiempos mejores. Pero lo cierto es que la frase de Bachelet ha resultado premonitoria.

La otra frase tiene una supervivencia más controversial. Pareciera que la renuncia es consustancial al realismo, o al menos a la deliberación y en estos días Gabriel Boric y sus cercanos han estado tomando lecciones prácticas sobre el tema. El Frente Amplio nació con dos objetivos principales: a) derrotar a la Concertación y la derecha y b) trascender en la política chilena. El primer objetivo es compartido por sus socios del Partido Comunista, pero en relación al segundo, el PC les disputa palmo a palmo la hegemonía.

Si bien el Frente Amplio ganó las primeras batallas, en la primaria y luego en la Convención Constitucional donde Jaime Bassa se instaló en la mesa como vicepresidente, relegando a Elisa Loncón a un rol simbólico, el PC nunca entregó la oreja y gradualmente Marco Barraza se ha convertido en el poder fáctico de la convención, haciendo prevalecer su oficio ante el voluntarismo de los puristas. Ello se reflejó en la batalla por los dos tercios, donde los comunistas propinaron una sonada derrota al Frente Amplio y ahora en la elección de la mesa, en que en sucesivas votaciones lograron doblegar a Cristina Dorador y luego a Ramona Reyes del PS, apoyadas por el movimiento de Gabriel Boric.

El presidente electo debe entender que los objetivos del Partido Comunista son distintos a los suyos. Lo probable es que, como en el gobierno de Bachelet, el PC tenga una pata adentro del gobierno y la otra afuera, en la calle; tratando de extremar los conflictos y de correr permanente el cerco. Ello aun en el evento que esa actitud haga fracasar el gobierno. Porque en definitiva el éxito del Frente Amplio puede ser también una derrota de los comunistas que ayudaría al triunfo de otros donde ellos han fracasado siempre.

Si Gabriel Boric quiere lograr el objetivo de trascendencia del Frente Amplio necesariamente tendrá que hacer concesiones. Ello está en la esencia de la política y además es imprescindible para que la economía chilena no se derrumbe, pues su programa es inviable y ello se notará muy rápidamente. El Partido Comunista no será su aliado en ese propósito. Mientras antes se convenza de ello mejor le irá a su gobierno.

 

Columna de Luis Larraín, Presidente del Consejo, publicada en La Tercera.-