¿Quién liderará el nuevo ciclo?

Como era previsible desde hace un par de semanas, José Antonio Kast y Gabriel Boric lograron las dos primeras mayorías en la elección de ayer y se enfrentarán el 19 de diciembre en la segunda vuelta presidencial. La tradición en Chile indica que la primera opción es de Kast por haber obtenido la primera mayoría relativa con cerca del 28 % de los votos, superando por tres puntos a Boric, aunque la diferencia es estrecha. Nadie tiene asegurado el triunfo.

En cualquier caso, esto marca un nuevo ciclo en la política chilena. Ni la Concertación, ni la centroderecha, que han gobernado Chile en la mayoría de los últimos treinta años, tienen sus candidatos en la segunda vuelta. Sin embargo, proyectar cómo se configurarán nuevas alianzas de gobierno distintas a las anteriores, ya sea de centroderecha o de centroizquierda, es hoy día muy difícil como lo explicaremos enseguida. Por lo mismo, tampoco resulta sencillo evaluar qué sucederá con la gobernabilidad en nuestro país.

Franco Parisi, al obtener el tercer lugar con más del 13 % de los votos, se constituye en un factor importante y sorpresivo en esta elección. Su alta votación es un fenómeno que hay que estudiar más. Es evidente que una parte corresponde a un rechazo a los políticos. Puede haber también un componente de voto anti inmigrante, lo que se puede deducir de su alta votación en el norte del país. También está claro que hay un elemento aspiracional en sus votantes, que dan importancia a las oportunidades económicas. Es difícil proyectar hacia adonde se irá esa votación en la segunda vuelta, pero no es descabellado pensar que una buena proporción podría ir a José Antonio Kast.

La gobernabilidad requiere que el próximo presidente de Chile sea capaz de convocar a una mayoría amplia y el que tantos votantes de primera vuelta no tengan una definición ideológica clara dificulta hacer proyecciones en ese sentido. La alianza del centro y la izquierda lideró la transición a la democracia a través de la Concertación y fue la fuerza dominante en los últimos treinta años. ¿Cuál será la alianza que liderará este nuevo ciclo? No lo sabemos.

Quienquiera que deba liderar esta etapa tendrá una tarea difícil. El bienio perdido de la economía chilena ha significado no sólo un retroceso en la calidad de vida de los chilenos, sino el deterioro grave de las cuentas fiscales, la deuda externa, el mercado de capitales y los incentivos a la inversión. Remontar esa trayectoria requerirá sudor y lágrimas y ese no parece ser el ánimo predominante en la población chilena, aunque la arremetida de José Antonio Kast en la última parte de la campaña indica que muchos votantes entendieron que la quimera iniciada el 18 de octubre de 2019 no era más que una ilusión. Lo que más se requerirá acá es liderazgo, en dosis que no vemos desde hace años en la política chilena. Si gana Kast, tiene ese desafío principal y la manera en que impuso el sentido común en los votantes dando vuelta la contienda presidencial es un buen precedente para evaluar sus posibilidades.

Sebastián Sichel, con más del 12% de los votos, obtuvo el cuarto lugar superando a Yasna Provoste. Su aporte será fundamental para José Antonio Kast, y sus votantes irán en una altísima proporción a apoyar al candidato del Partido Republicano. Si bien Yasna Provoste apoyará a Gabriel Boric, no todos sus votantes lo harán; varios de ellos pueden, siguiendo a Sebastián Sichel, terminar apoyando a Kast, quien se ha mostrado dispuesto a hacer concesiones programáticas para acogerlos.

Al cerrar esta columna aun no había un escrutinio definitivo de la elección parlamentaria. La izquierda habrá consolidado y probablemente aumentado su ventaja en la Cámara de Diputados, con una importante pérdida de influencia de la izquierda moderada que ha ido a la par de su inexplicable decisión de dilapidar y desconocer la herencia de la Concertación.  En el Senado en cambio, la centroderecha sube su representación e incluso podría lograr un empate. Otro logro de Kast es la representación parlamentaria que obtuvo su pacto.

El resultado de esta elección obliga a resignificar el 18 de octubre, la caricatura de un país agobiado por la desigualdad y rebelde ante un sistema económico que los empobrece no es compatible con el resultado de esta elección presidencial, ni los votos que recibieron José Antonio Kast y Sebastián Sichel. La distorsión introducida por los medios de comunicación acerca del 18 de octubre fue excesiva. Probablemente en la segunda vuelta tratarán de influir en los resultados, presentando a Kast en una posición extrema. Este sobregiro puede terminar mal para el progresismo como ha ocurrido en otros países. Su desprecio al sentido común de los chilenos medios puede transformar a José Antonio Kast en el próximo presidente de Chile.

 

Columna de Luis Larraín, Presidente del Consejo, publicada en El Líbero.-