¿QUÉ PODRÍA SALIR MAL?

Me resulta difícil comprender la actitud de quienes ante un proceso constituyente que nació bajo el signo de la violencia sean tan optimistas acerca de sus resultados. Pero el importante número de gente que cree que esto terminará bien, que la voluntad que hay de superar las injusticias y problemas que aquejan a nuestra sociedad tiene que tener buenos frutos si la mayoría de los chilenos son gente moderada, me hacen dudar.

Estoy entonces dispuesto a conceder el beneficio de la duda al proceso, bien armado con esperanza y premunido de mecanismos de negación que operan en nosotros los humanos para impedir que veamos todo negro y comulguemos con aquello de que un pesimista es un optimista que tiene buena información. Pero todo tiene un límite y ese es aquel en que la buena voluntad se transforma en voluntarismo.

Como se sabe, llevar a buen puerto un proyecto requiere una actitud positiva y la disposición a seguir los pasos necesarios para que ello ocurra. Si bien hasta el momento la Convención no ha discutido materias que debiera contener la nueva Constitución que deberá someterse a plebiscito, que es su tarea, las actitudes mostradas por los convencionales que han dominado la escena en la convención son desalentadoras.

No puede calificarse de otra manera la conducta mostrada por la presidenta Elisa Loncón y el vicepresidente Jaime Bassa en estos primeros días de sesión. La Mesa ha mostrado poco respeto a las reglas, al debido proceso y a la transparencia en las decisiones, cuando se trata, justamente, de proponer las reglas para el funcionamiento de nuestra democracia. Elisa Loncón ha manifestado que hay que cambiar la regla que señala que deben aprobarse por dos tercios los contenidos de la Constitución sin que la convención tenga atribuciones para hacerlo, Jaime Bassa por sí y ante sí anuló una votación ante la presión de un grupo de convencionales, sin tener atribuciones para hacerlo. Ambos han ignorado propuestas hechas por grupos de convencionales, negándose a discutirlas sin expresión de causa.

La mesa y la mayoría de los convencionales han exhibido además su sectarismo al aprobar una declaración para demandar al Congreso que apruebe un indulto a “presos de la revuelta” por delitos cometidos desde el 18 de octubre de 2019, arguyendo decenas de muertos y violación a los DD.HH., lo que es falso; y además indultar a mapuches condenados por delitos en La Araucanía, Biobío y Los Ríos desde el año 2001. Se agravia así a las víctimas de estos delitos. Lo que es más grave, con esta actuación se apartan de su mandato, violando el artículo 135, que señala que no podrán intervenir en ninguna otra función o atribución de autoridades establecidas en la Constitución.

Estas actitudes impulsadas por quienes lideran el proceso y toleradas por la mayoría nos dicen que esto puede salir mal. Si no cambia esa actitud, preocupémonos.

 

Columna de Luis Larraín, Presidente del Consejo, publicada en La Tercera.-