Negaciones

Faltando pocos minutos para las doce de la fría noche del miércoles, en la calle Esmeralda, un solitario transeúnte paseaba nervioso frente a las oficinas del Servel en Santiago. Luego de aguardar en vano, Carlos Maldonado, presidente del Partido Radical, abandonó el lugar. Esperaba a Álvaro Elizalde, su colega del PS, con quien había convenido juntarse para inscribir las primarias presidenciales de Unidad Constituyente, donde él sería candidato.

En el espectáculo de la centro-izquierda del día miércoles hubo traición, extorsión, arrogancia y humillación. El presidente de un partido (PS) llama a su colega DC para indicarle qué candidata sería aceptable inscribir; otro (PPD) renuncia a su opción y se pliega a la candidatura del PS, pero en un pacto distinto (PC y FA) al que había comprometido integrar; veto de estos últimos a quien había inclinado la cerviz para servir a nuevos patrones. Así, en la oposición, sólo Daniel Jadue y Gabriel Boric participarán en una primaria.

El principal error de los políticos de izquierda, más allá de las miserias humanas que resumíamos, ha sido el de negación. Ya no es Girardi quien desde el Congreso mueve los hilos del poder; la izquierda recién cae en cuenta de quién es el jefe: el poder recae en el Partido Comunista y su abanderado Daniel Jadue. Los que por años comprometieron sus convicciones, su probidad y su reputación, vendiéndolo todo a cambio de votos que algún día llegarían, sólo abonaron las arcas del comunismo; pues ha sido éste el que capitaliza el que sus políticas e ideas sean aprobadas y promovidas por sus aliados, e incluso, por no pocos de sus adversarios. Los resultados de la elección de constitucionales indican que el PC tiene, además, en la calle y ahora en la propia convención, seguidores que se hacen llamar del Pueblo.

Los humillados del miércoles seguirán culpando a la derecha y al modelo neoliberal de todos los males e interpretando el pequeño papel que se digne ofrecerles el nuevo jefe. Quizás si Yasna Provoste fue la única que logró sortear la trampa del PC y sus acólitos del Frente Amplio, manteniendo abierta una opción que al menos deja a buen recaudo su dignidad, aunque su partido haya quedado en el suelo. Maldonado dijo que irá a la primera vuelta, algo sacará a cambio.

La negación de los políticos se viene a sumar así a la de otras elites que no han comprendido la profundidad de la crisis que vive Chile. Otra negación en ciernes es la de intelectuales que creen que la convención constitucional será un foro propicio para discutir ideas, ignorando las amenazas que la rodean. El camino que queda a las fuerzas democráticas, la derecha entre ellas, es unirse en la convención y hablarles también a los chilenos que no votaron: son más de la mitad y seguramente más sensatos y moderados que quienes concurrieron a las urnas.

 

Columna de Luis Larraín, Presidente del Consejo, publicada en La Tercera.-