UNA MAYORÍA SOCIAL CONTRA LA VIOLENCIA

En las campañas para la Convención Constituyente abundan las promesas de incluir todo tipo de derechos sociales que, mucha gente cree, mejorarán su bienestar. La experiencia dice que los países que más derechos de ese tipo incluyen en sus constituciones (la mayoría de los latinoamericanos) tienen peor calidad de vida. Y es que las constituciones tienen como objetivo fundamental proteger a las personas frente a las arbitrariedades del Estado y las falencias de éste y no garantizar condiciones de vida que, en definitiva, dependerán de la capacidad de generar riqueza y los acuerdos sociales para distribuirla, que son propios de la economía y la política.

Por ello, se echa de menos en las promesas la mención al derecho al orden y la paz, como lo expresara en una carta a La Tercera la arquitecta María Elena Figueroa. En el origen del Estado está la necesidad de garantizar el orden público y proveer un sistema judicial que dirima las diferencias en la sociedad, sin tener que recurrir a la violencia. Y esa es precisamente la función más importante de una Constitución y sería más fructífero para Chile abocarse a estudiar y discutir cómo lograrlo.

En una conversación con Óscar Guillermo Garretón, él señalaba que era necesario crear una mayoría a favor de la paz que revirtiera la situación actual en que para un grupo muy importante de chilenos la violencia en las calles se confunde con la reivindicación social, de manera que, sin que la mayoría ejerza la violencia o la apoye, en los hechos la tolera. Coincido en que hay que terminar con esa ambivalencia y afortundamente, lejos de la actitud de aquellos que se hacen los lesos frente a la violencia han comenzado a aparecer más voces de gente de centroizquierda que la condenan en forma reiterada y sin ambages. Desgraciadamente, esto no ocurre entre los políticos y parlamentarios de centroizquierda, que en general guardan un vergonzoso silencio. Contadas excepciones, entre las que recuerdo a Pepe Auth, Felipe Harboe y en ocasiones Heraldo Muñoz, hacen creer que sería posible, no sin mucho trabajo y compromiso, construir una mayoría social a favor del orden y la paz. Porque estaremos de acuerdo en que gran parte de los anhelos de una mejor vida para los chilenos se frustrarán si permanece o se acentúa la violencia. Para lograr esa mayoría debemos seguir a Jorge Millas cuando decía que una violencia que se institucionaliza y se somete al orden jurídico, ya no es violencia sino fuerza legítima.

Por eso es esperanzador que el Presidente de la Corte Suprema, Guillemo Silva, haya dicho que lo que hace falta en este país, es que de una vez por todas, todos los sectores condenen la violencia y la condenen en forma categórica y no con medias tintas. Por cierto, el Poder Judicial y el Ministerio Público también tienen un rol ahí.

Columna de Luis Larraín, Presidente del Consejo, publicada en La Tercera.-