La tentación de Piñera

Éxitos importantes, pero no decisivos políticamente, podrían llevar al Presidente a la tentación de no afrontar los desafíos más importantes que tiene como mandatario, amparándose en el lustre comunicacional que podrían darle en el corto plazo sus aciertos del último tiempo.

Hay que ser mezquino para ignorar que Chile y Piñera son líderes mundiales hoy en el tratamiento de la pandemia al tomar la delantera en la provisión de vacunas a los chilenos, cuestión que quedó en evidencia en la reunión de Prosur.

La extensión a marzo del IFE y el bono Covid, posibles por la sólida posición fiscal de Chile, lo sitúa con cifras de más del 8% del PIB, como uno de los países que más ha ayudado a su población en la pandemia. Es un hecho indesmentible que terminará por imponerse, pese a las mentiras de políticos de oposición (y algunos que se dicen oficialistas) y el tratamiento sesgado de cierta prensa. Un par de puntos de mayor apoyo al presidente en las encuestas, que lo acercan a un 25%, son reflejo de ello.

Pero la política es cruel y Piñera lo sabe. Estos logros no le permitirán recuperar el favor de la mayoría y su legado continuará siendo pobre si no logra avanzar en resolver los problemas más importantes del país.

Y esos problemas son la recuperación de la economía para reducir las brechas de bienestar que reclama la población y el destierro de la violencia como método de acción política y herramienta de los delincuentes para enseñorearse en nuestras ciudades y pueblos y asolar a los ciudadanos comunes.

El presidente Piñera no puede continuar haciéndose el leso frente a la violencia. Sus declaraciones condenatorias y las de los encargados del orden público irritan a la población si no van acompañadas de acciones. Sus llamados a un Acuerdo Nacional suenan a burla, porque sabemos que los interpelados no están dispuestos a ese acuerdo. En la extrema izquierda porque son agentes de la violencia y en la centroizquierda porque no tienen fuerza ni estrategia para enfrentarse a quienes han sido sus socios, poniendo así al país antes que la pelea política de corto plazo. Tampoco pueden hacerse los lesos en relación a este tema los candidatos presidenciales del sector.

Pero para hacer tortillas hay que quebrar huevos. El gobierno debe denunciar y dejar de agradar a quienes, en Chile y el extranjero, camuflados en causas de derechos humanos o indígenas, o en la Justicia, son ayudistas de los violentos que atacan la macro zona sur. Si hay temor en el gobierno, no habrá solución, porque los violentos pueden oler ese temor. Los candidatos, a su vez, deben mostrar sus propuestas. Es obvio que frente al problema no basta con reprimir, pero tampoco sirven meras declaraciones. A los violentos se les enfrenta con la fuerza legítima del Estado. El Presidente no es el único llamado a actuar, pero sí el principal.

 

Columna de Luis Larraín, Presidente del Consejo, publicada en La Tercera.-