¿Quién sacó a Mañalich?

No fue el covid-19. Su liderazgo molestaba a la oposición desde antes de que esta pandemia comenzara. El año pasado, la izquierda más radical, que desgraciadamente es quien pone la música, ya lo tenía entre ceja y ceja convirtiéndolo en víctima de funas y violencia política, que él con coraje resistía y enfrentaba.

El 29 de octubre, dirigentes del Colegio Médico pedían su renuncia. El 21 de febrero su presidenta, en entrevista radial, deslizaba críticas al Minsal por sobrerreaccionar al covid en desmedro de otras prioridades sectoriales. Esta semana, Beatriz Sánchez pedía la renuncia de Mañalich. Minutos después, todos los partidos de oposición enviaban cartas solicitando lo mismo, y como ha sido una tónica desde el inicio del Gobierno, usaban la larvada (o cada vez menos larvada) amenaza que si no se hace lo que ellos reclaman, los acuerdos pendientes se dificultan.

La izquierda reclama el monopolio de la memoria. Un tuit del Partido Comunista decía hace meses "un pueblo sin memoria histórica no puede caminar con soltura por la vida". Llama la atención que defiendan y reivindiquen la memoria cuando es a ellos a quienes más beneficia un pueblo sin memoria. El coronavirus ha hecho el milagro de convertir a los dirigentes de izquierda en expertos en emergencias. Sí, a los mismos que daban vuelta en círculos la noche del 27-F en la Onemi sin saber qué hacer. Ha transformado en expertos en gestión hospitalaria a los mismos que sin pudor inauguraban ante las cámaras de televisión, con Presidenta y todo, un hospital de mentira en Curepto con enfermos inventados. Los ha convertido también, sorprendentemente, en expertos en focalización del gasto social, al punto que una diputada reclamaba porque a su domicilio llegó una caja de alimentos que ella no necesitaba, cuando su sector exige, al mismo tiempo, condonación total del CAE, que no es otra cosa que llegar con "cajas de alimentos", sin discriminación alguna, a todos los deudores, aunque no lo necesiten.

Ante una pandemia que tiene al mundo de rodillas, dejó el gabinete Jaime Mañalich, quien hizo una gran gestión en capacidad hospitalaria, multiplicación de camas críticas y ventiladores, instalación de residencias sanitarias, incremento permanente en testeos y baja tasa de letalidad. Como chilena, mi admiración y gratitud. Pero su tono no gustaba a la izquierda, que desde esa falsa superioridad moral a la que nos tienen acostumbrados, se sienten con el derecho a calificar, no solo la gestión, sino el modo con el que hablan los ministros. Ellos, que no conocen otro tono que el de las acusaciones constitucionales, intolerancia, peticiones de renuncia. ¿Y las propuestas? No se les dan. Reclaman cambio de estrategia, cuando precisamente estamos en el medio de las cuarentenas totales, que es lo único que han pedido desde marzo.

Enrique Paris tiene, sin dudas, todos los atributos y experiencia para ser un muy buen ministro de Salud. Pero lo que ha ocurrido durante estos años de gobierno demuestra, una vez más, que la gestión no basta. Ante una crisis sectorial, ningún ministro -por fuerte y talentoso que sea- podrá resistir los embates de la izquierda si no hay atrás de él, desde el Gobierno, un trabajo político fuerte. Este escenario de incumplimientos de cuarentena, de violaciones al toque de queda, de fiscales que transforman a víctimas en imputados, como ocurrió con esos marinos que cumplían sus funciones en Lota hace algunos días, requiere liderazgo y mucho coraje.

El simplismo como modo de resolver problemas complejos, el privilegio de sentirse con derecho a saltarse la Constitución en la labor parlamentaria, y el "buenismo" como patrón de conducta para evitar los malos ratos que implica cruzarse con quienes solo buscan debilitar las instituciones que han hecho de Chile un gran país, está demasiado presente en nuestra clase política.

Es más urgente que nunca que actuemos con unidad y coraje, porque me temo que, al igual que el covid-19, esta izquierda implacable "no mutará en buena persona". De hecho, a los pocos minutos del cambio de gabinete, muchos de sus dirigentes peleaban en redes sociales por ser los primeros en salir a criticar al recién nombrado ministro Enrique Paris.

Columna de Marcela Cubillos, Directora Ejecutiva de Libertad y Desarrollo, publicada en El Mercurio.-