CARTA ABIERTA A LOS HONORABLES

No me dirijo a aquellos de ustedes que tienen como parte integral de su filosofía la creencia de que la democracia es una construcción solo formal y burguesa para oprimir al pueblo; que creen que los regímenes como los de la ex Alemania Oriental, la Unión Soviética, Venezuela, Cuba o Corea del Norte son 'las verdaderas democracias'; que los derechos y libertades individuales deben ser sometidos a los imperativos de la colectividad, cuyo verdadero sentir solo ustedes, los iluminados, la vanguardia revolucionaria, son capaces de ver e interpretar; y que la violencia está plenamente justificada para alcanzar el paraíso en la tierra que, una y otra vez, pretenden construir a cualquier costo.

La actitud que ustedes han tenido frente a la insurrección con objetivos políticos que hemos vivido; su intento de desestabilizar al gobierno democrático y destituir al Presidente de la República; su apoyo explícito a 'la primera línea'; su justificación de los ataques a Carabineros, cuarteles militares, saqueos, barricadas, incendios, y destrucción generalizada; su calificación de estos hechos de violencia sin precedentes como 'resistencia civil' o legítima 'manifestación social', no me sorprenden. Ustedes están siendo coherentes con su fe en la revolución, con el imperativo de destruir el capitalismo, la propiedad privada y la democracia representativa.

Lo que sí me sorprende es que haya tantos de ustedes, miembros del Congreso Nacional, pertenecientes a partidos de larga trayectoria democrática, herederos de quienes reconstruyeron los consensos nacionales, hicieron posible una transición pacífica a la democracia, pusieron fin a una dictadura militar sin derramar una gota de sangre, le regalaron a Chile años de prosperidad, paz y mejorías sociales, que ustedes no hayan sido capaces de separar aguas de verdad, y no solo con una tibia retórica, con quienes han tenido conductas que, bajo cualquier criterio de la teoría democrática que apliquemos, han infligido una herida grave a la democracia representativa que ustedes encarnan. ¿No sintieron ustedes la angustia que remeció al país ese 12 de noviembre ante la posibilidad de que nuestra convivencia pacífica y nuestras instituciones democráticas hubieran llegado al borde del abismo? ¿No fue un alivio enorme cuando logramos un acuerdo para encauzar institucionalmente y sin violencia los conflictos que nos afectan? Ustedes, que fueron las principales víctimas de la violación de sus derechos más fundamentales cuando se destruyó la democracia, ¿están dispuestos a jugar con fuego y a aliarse en esta coyuntura con quienes abogan justamente por la 'agudización de las contradicciones'? ¿Creen que no es posible perder la democracia? ¿O que su muerte no tiene consecuencias? ¿Realmente estiman que basta con tibios repudios a la violencia? ¿Y si la derecha, descontenta con el segundo gobierno de la Presidenta Bachelet, la hubiera acusado constitucionalmente para poner fin anticipado a su gobierno? Yo, al menos, tengo claro que eso habría sido un acto de sedición y un atentado contra el núcleo de la democracia. ¿Es posible que solo 8 diputados de la oposición hayan tenido el coraje para oponerse al intento de destitución del Presidente Piñera?

Para construir 'la casa común' no basta con repudiar la violencia verbalmente. Ni siquiera es suficiente la restauración del orden público. Se necesitan más que todo consensos mínimos, restaurar confianzas, cooperación, disposición a encontrar acuerdos, porque sin eso la alternativa es el enfrentamiento enconado. ¿Honestamente creen que la violencia o las acusaciones constitucionales contra los encargados de contribuir a restaurar el imperio de la ley no son una herida al corazón de la cultura que necesitamos para elaborar una nueva Constitución?

Columna de Lucía Santa Cruz, Consejera de Libertad y Desarrollo, publicada en El Mercurio.-