La Guerra del Big Data y la Tecnología

La forma en que distintos países o bloques han enfrentado las políticas públicas referentes al uso de datos y tecnología dice mucho de la imagen de futuro que tienen de su propio rol en el mundo. Cada cual parece haber escogido las batallas que quiere dar en la guerra por la hegemonía tecnológica y la innovación. Estados Unidos ha sacado una ventaja evidente y sus gigantes tecnológicos Amazon, Apple, Facebook, Google y Microsoft continúan haciendo la mayor parte de la innovación y proveyendo los productos y servicios que los consumidores de todo el mundo adquieren con renovado entusiasmo. Le ayuda a este propósito su gasto en defensa y seguridad nacional, disparado por sobre el de cualquier otro país, aspecto que ha sido siempre un factor de superioridad para ese país en el desarrollo de la ciencia y la tecnología.

Sólo China les compite hoy a los norteamericanos, ya que su enorme mercado interno y el control e influencia que su gobierno ejerce sobre la economía le permite sostener también empresas de gran escala como Huawei, Tencent o Alí Babá. Lo mismo está ocurriendo con las grandes empresas de economía colaborativa basadas en plataformas en internet, donde Didi compite ya con Uber o Tujia y Xiaozhu han obligado a Airbnb a establecer Aibiying, una filial china para operar allá. Preocupan en Occidente las nuevas normas sobre ciberseguridad de China, que exponen los pasos que los “operadores de infraestructura de operación crítica” tienen que seguir para adquirir un equipo de red que podría influir en la seguridad nacional, incluyendo entre esos pasos normas sobre su gobierno corporativo.

Europa, en cambio, está completamente fuera en esta lucha. La Unión Europea se ha concentrado en lo que mejor sabe hacer: regular. Es así como la actividad relevante de los europeos en tecnología está radicada allí. De hecho, no hay empresas europeas entre las veinte más grandes del mundo y pocas empresas, entre ellas alemana SAP, tienen una presencia relevante entre los gigantes tecnológicos. El tamaño del mercado europeo y su poder adquisitivo hacen que su regulación no sea irrelevante y que en algunos ámbitos sea referente para otros países, pero las empresas europeas no pueden competir en las grandes ligas.

Es tal la cantidad y calidad de la información que las empresas de Estados Unidos y China poseen acerca de los consumidores de todo el mundo, que el Big Data amenaza con convertirse en un factor hegemónico no sólo en la economía mundial sino también como un elemento estratégico de control político e inteligencia. Allí es donde está radicado hoy el gran conflicto con la empresa Huawei, pues para el gigante asiático la internet es un tema delicado en relación a las libertades políticas y Estados Unidos y en particular el presidente Donald Trump, están acusando a China de utilizar la presencia de sus empresas en el resto del mundo para el uso político de la información.

El caso de Rusia es quizás el más curioso. Se cree que su gobierno utiliza su acceso al Big Data para hacer algo que también ha sabido hacer por mucho tiempo: influir en la política interna de otros países. Ya no en beneficio del Partido Comunista, como en la era soviética en medio de la Guerra Fría, sino a través de un “privatizado” interés de Rusia, que a veces puede favorecer a objetivos de política exterior del país y a veces hasta a intereses comerciales de sus empresas o grupos de poder. En esta variante rusa, en que los participantes no pretenden establecer algún tipo de hegemonía sino sacar ventajas de diverso tipo, ha surgido con fuerza Corea del Norte, que se ha beneficiado últimamente con más de 2.000 millones de dólares de dinero robado a través de ciberataques a bancos y emisores de criptomonedas que habrían sido utilizados para comprar armas. Las empresas de todo el mundo parecen estar en una posición de gran fragilidad frente a estos ataques, que les quitan dinero y los someten a extorsión. Este último tema se ha constituido en la prioridad para los gobiernos corporativos de empresas en todas partes del mundo y está distrayendo buena parte del talento de ejecutivos y directores.

Columna de Luis Larraín, Director Ejecutivo de Libertad y Desarrollo, en El Líbero.-