El tono del debate tributario

En esta columna quisiera llamar la atención sobre el tono del debate en torno al proyecto de ley de modernización tributaria. Ciertamente se trata de un tema que "despierta pasiones", pero creo estaremos todos de acuerdo en que se trata de una materia de alta complejidad técnica, que merece un debate serio, dadas sus relevantes repercusiones en el ámbito fiscal y en la actividad económica, el empleo y el crecimiento. Quienes son o somos convocados, de una u otra manera, a participar de esta discusión, debemos hacerlo con altura de miras, ponderando adecuadamente los argumentos, con capacidad de escuchar y también de advertir no sólo las complejidades, sino también las virtudes de la tesis de los contradictores.

Hace unas semanas, la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados recibió a un ex director del Servicio de Impuestos Internos, quien expuso su posición, contraria al proyecto de ley, sin que en esa sesión se diera el espacio para efectuar preguntas o manifestar inquietudes sobre su planteamiento. Como la situación pareció inaceptable, el proceder se corrigió unas semanas después, y se dio la posibilidad de que el referido invitado volviera a asistir para abrir el tan necesario debate sobre sus planteamientos. La semana pasada concurrió a exponer a esta instancia un representante de un grupo de funcionarios del Servicio de Impuestos Internos, que manifestó, en forma categórica, su rechazo al proyecto, señalando, asimismo, que como asociación no habían sido considerados en el diseño y arquitectura de la reforma, sin perjuicio que el Servicio, como institución, sí lo fue.

El tono del debate fue subiendo y un parlamentario de oposición comentó, como un inconveniente, que los redactores del proyecto "nacieron en cuna de oro", de lo que yo desprendo para ser precisa- que al parecer no tenían las herramientas, en mi interpretación de esos dichos, de ser contrapartes efectivas. Estas descalificaciones no deben pasar inadvertidas. Y es que no debemos acostumbrarnos a este tono del debate sobre la base de que "así es la política". Yo me pregunto si haber nacido en alguna situación privilegiada, o el haber crecido y haber sido educado en un entorno social enriquecedor (situación de la que, por cierto, forman parte muchos actores de la clase política, transversalmente) constituye un impedimento para ser parte del grupo que tiene el honor y la vocación de servir al país y debatir sobre estas cuestiones.

¿Qué quieren decir esas afirmaciones emitidas por un diputado de oposición refiriéndose a personeros de Gobierno que, al igual que él y los demás parlamentarios, ejercen una labor encomiable? Si vamos a debatir, hagámoslo en serio, sobre la base de evidencia. Los parlamentarios, los presidentes de las comisiones y quienes son invitados a exponer sobre estas materias tienen una responsabilidad importante, que no deben soslayar. ¡Bienvenidos los debates apasionados, pero con respeto!

Columna de Natalia González, Subdirectora de Asuntos Jurídicos y Legislativos de LyD, publicada en La Tercera.-