En un giro inesperado del debate entre Uber y los taxistas, Alfredo Enrione interviene a travĆ©s de una columna en El LĆberoĀ para expresar su rechazo a la Uberización del trabajo, que en sus palabras, mĆ”s allĆ” de algunos chiches tecnológicos, nos lleva a estĆ”ndares laborales del siglo XIX. Con respeto, y el Ć”nimo de contribuir a esclarecer algunas de las cuestiones en juego, queremos en este artĆculo cuestionar fuertemente la tesis de Enrione que, a nuestro juicio, revela una inquietante falta de comprensión del funcionamiento de una economĆa moderna, ademĆ”s de un sustrato conceptual que no compartimos.
Pese a que Ʃl reconoce que estas plataformas, Uber, Cabify, Airbnb y otras poseen enormes ventajas competitivas, considera que desde el punto de vista social son un retroceso significativo.
Vale decir Enrione es partidario de que algo malo (el servicio que prestan los taxistas) prevalezca sobre algo bueno (el servicio que nos proporcionan estas nuevas empresas).
La razón para esta preferencia serĆa que los vĆnculos laborales tradicionales entre una empresa y sus trabajadores, en las que el autor reconoce un valor, estarĆan siendo desafiados por estas plataformas que mĆ”s bien agrupan ofertas y demandas de trabajadores independientes y usuarios.
Esta es una peculiar forma de ver el valor que el trabajo tiene en nuestras vidas. El componente de gratificación que indudablemente posee el trabajo no puede estar presente si el servicio o producto de Ć©ste es de mala calidad y debemos sostenerlo con regulaciones que impidan que las personas accedan a otros servicios que les satisfacen mĆ”s. No se tratarĆa, entonces de trabajo bien hecho, algo que a todos nos gratifica y reconforta, sino mal hecho.
Su afirmación de que volverĆamos a estĆ”ndares laborales del siglo XIX es completamente aventurada, porque se sostiene en una suerte de determinismo que no reconoce la evolución de la sociedad y de las preferencias de las personas. Es indudable que con los estĆ”ndares de exigencia social que existen hoy en Chile y otras partes del mundo no podrĆamos retroceder al siglo XIX.
Lo que sucede es que Enrione parece no entender que estamos en el siglo XXI. Las relaciones laborales o contractuales que los trabajadores exigen no son mĆ”s precarias sino mĆ”s avanzadas que las tradicionales que nuestro contradictor aƱora. ĀæCómo no va a ser mĆ”s gratificante desde el punto de vista del conductor establecer su propio horario de trabajo y el lugar donde desempeƱarĆ” sus funciones? ĀæNo es positivo para Ć©l acaso que pueda combinarlo con otras actividades? ĀæPor quĆ© la gente va a aceptar condiciones de trabajo peores en el contexto de una economĆa que crece y crea nuevas fuentes de trabajo?
Es que habitualmente las personas suelen decidir mejor que nadie lo que les conviene, aunque hay quienes no lo quieran ver.
Hay una segunda razón para discrepar de una postura anti-uberización. Ella implica negar espacios a la innovación. No habrĆa progreso humano ni crecimiento si siempre estuviĆ©semos protegiendo formas de vida o de organizar el trabajo por temor a los efectos que los cambios podrĆan traer sobre quienes hoy ejercen una actividad. El concepto de destrucción creativa del economista austrĆaco Joseph Schumpeter, un gran aporte a la comprensión de la economĆa moderna, trata justamente sobre eso. La humanidad avanza a travĆ©s de innovaciones y tecnologĆas que son disruptivas pero traen a la vez enormes beneficios. Tratar de impedirlo es tapar el sol con un dedo y revela una suerte de corporativismo que protege y pone por encima de las personas a instituciones, que en definitiva son instrumentales a nuestros propósitos.
Piensen nada mĆ”s que las compaƱĆas mĆ”s importantes del mundo como Google, Facebook y el mismo Uber no existĆan hace 20 aƱos atrĆ”s. Con el criterio de Enrione, la economĆa mundial estarĆa estancada. Y es precisamente una economĆa mĆ”s dinĆ”mica la que brinda las mejores oportunidades de empleo a los trabajadores.
Esta visión romĆ”ntica de una relación casi de por vida entre una empresa y sus trabajadores estĆ” completamente obsoleta. Primero, porque es ineficiente desde el punto de vista económico (Japón estuvo prĆ”cticamente dos dĆ©cadas con crecimiento cero de la economĆa por su baja competitividad, despuĆ©s que en los setenta se hablaba con admiración del modelo japonĆ©s de relaciones laborales y se auguraba que Japón superarĆa a Estados Unidos como primera potencia mundial).
Pero mĆ”s importante que eso, estĆ” obsoleta porque los jóvenes no quieren ese tipo de relación laboral. Informaciones recientes dan cuenta de que cerca del 40% de los trabajadores menores de 30 aƱos cambian de trabajo cada cinco aƱos. Los jóvenes quieren mĆ”s autonomĆa para realizar sus proyectos personales, viajar, hacer labores de voluntariado. La antes ansiada ācarrera laboralā es para muchos de ellos una restricción inaceptable a su libertad.
Hay que respetar esa forma de ver las cosas. Vivir para trabajar no parece ser el paradigma de hoy y ello da espacio para un desarrollo mÔs integral de la persona. Debemos ser mÔs optimistas sobre las decisiones que estÔn tomando los jóvenes y acerca de los beneficios que traerÔn nuevos emprendimientos e innovaciones. Bienvenidas entonces sean todas las iniciativas que mejoran la calidad de vida de las personas.
Ā