
Si bien el SIMCE data desde el año ‘88, el actual proceso de clasificación de las escuelas, con las consecuencias asociadas a éste, se introdujo el año 2011 a través de la Ley de Aseguramiento de la Calidad (Ley 20.529). Entre otras materias, ésta determina, por un lado, que la Agencia de la Calidad sea la encargada de la parte evaluativa, y asimismo, delega en el Ministerio de Educación (MINEDUC) el deber de prestar apoyo técnico pedagógico a los establecimientos educacionales mal evaluados que así lo requieran, de manera de ayudarlos a alcanzar las mejoras necesarias. Adicionalmente, esta ley introdujo por primera vez una causal de cierre de escuelas con bajo desempeño recurrente y define que luego de 4 años en que un establecimiento se ubique en el nivel insuficiente sin mostrar mejoras, se le revocará el reconocimiento del Estado y no podrá seguir funcionando.
Principales resultados 2018
"En el presente año, uno de los principales resultados positivos informados por la Agencia de la Calidad fue la reducción del número de establecimientos en categoría insuficiente", comenta María Paz Arzola, Coordinadora del Programa Social de LyD. En educación básica, los establecimientos en este nivel cayeron desde un 11% a un 8% del total, mientras que la proporción en nivel medio subió hasta el 54%. Lo anterior se puede ver en el Gráfico N° 1, que incorpora además la clasificación correspondiente al año 2016.
En educación media, por su parte, los establecimientos en categoría insuficiente cayeron desde un 12% a un 8%, mientras que la categoría medio subió desde el 48% al 53%.
"Respecto a la evolución experimentada en el tiempo, otro resultado positivo es que en 2018 fue mayor el número de escuelas que mejoraron su clasificación, que el número de las que empeoraron", dice Arzola. Mientras 918 establecimientos de enseñanza básica y 427 de enseñanza media subieron de categoría, los que retrocedieron de nivel fueron 705 y 156, respectivamente. Entre estos últimos, lo más negativo, sin duda, fueron los 281 establecimientos de enseñanza básica y 30 de enseñanza media que cayeron desde el nivel medio-bajo al nivel insuficiente.
En cuanto a quienes se encuentran en riesgo de cierre, hay 218 establecimientos de enseñanza básica que llevan tres años seguidos en nivel insuficiente. "Si bien éstos representan una fracción muy baja del total, obviamente su situación es preocupante. No obstante, el lado positivo es que los resultados muestran que el desafío de la mejora no es inalcanzable, pues de hecho hay otros 195 establecimientos que luego de 2 años en nivel insuficiente, lograron mejoras que les permitieron subir de categoría", explica Arzola.

Desafíos para el Sistema de Aseguramiento de la Calidad
Junto con la incorporación a la evaluación y clasificación de los establecimientos pequeños, existe una serie de desafíos en cuanto a la labor del Sistema de Aseguramiento de la Calidad. Algunos de estos fueron estudiados en el trabajo que realizó durante este año la Comisión Todos al Aula, convocada por el Presidente de la República, Sebastián Piñera, en el contexto de la reducción de la burocracia y sobrecarga administrativa en el sistema escolar.
En este sentido, destacamos dos desafíos:
- En primer lugar, mejorar la coordinación del sistema, de manera que cada una de las entidades que lo componen (Ministerio de Educación, Agencia de la Calidad y Superintendencia, principalmente) realicen su labor de forma integrada y coherente, sin duplicarse funciones y sin saturar a las escuelas de requerimientos.
- Y segundo, tras 3 años de funcionamiento (4 si se considera el año de marcha blanca), es momento de evaluar el funcionamiento del sistema, especialmente el rol de apoyo del Ministerio y las visitas evaluativas de la Agencia de la Calidad. Estas funciones son clave para el mejoramiento de las escuelas en categoría insuficiente y por lo tanto es necesario saber cuanto antes cuál está siendo su impacto y con dicha información, decidir sobre los cambios necesarios. Asimismo, la comisión recomendó avanzar hacia la entrega de mayor autonomía a las escuelas de buen desempeño, lo que permite al Estado focalizar sus esfuerzos en el mejoramiento de aquéllas que aún presentan resultados insatisfactorios y que requieren de un mayor apoyo.
