CRIMEN ORGANIZADO, CRISIS DE CONFIANZA Y FRAGILIDAD ECONÓMICA: EL MAPA DE RIESGOS QUE MARCARÁ EL 2025 EN AMÉRICA LATINA

  • Chile asoma como uno de los países más expuestos al avance criminal, pero destaca en gobernabilidad y proyecciones económicas.

La nueva edición del Latin America Country Risk Index and Analysis 2025, elaborada por el Adam Smith Center for Economic Freedom de Florida International University y aplicada en Chile por Libertad y Desarrollo, retrata a una región que avanza con paso incierto hacia un año decisivo. El informe, donde se analizan a doce países de la región, muestra un continente tensionado por la expansión del crimen organizado, una profunda erosión de la confianza en las instituciones y un escenario económico que, aunque da señales de recuperación, sigue marcado por el desempleo, la informalidad y la incertidumbre. Es un diagnóstico que combina riesgos estructurales con cambios acelerados en el plano internacional, especialmente por la competencia entre Estados Unidos y China, que hoy reconfigura las opciones de desarrollo e inversión en la región. 

En el centro de las preocupaciones de todos los países se ubica el crimen organizado, calificado nuevamente como el principal riesgo del continente. Su expansión no se limita al narcotráfico, incorporando redes transnacionales dedicadas a la minería ilegal, el contrabando, la trata de personas, el cibercrimen, complejos sistemas de lavado de activos y corrupción que enlazan puertos, logística, financiamiento ilícito y participación de actores de otros continentes. México, Brasil, Chile y Ecuador destacan con niveles críticos de exposición. De acuerdo al informe, lo más inquietante es que estos grupos criminales han logrado infiltrarse en instituciones públicas clave, deteriorando la capacidad del Estado para responder y generando zonas donde la autoridad formal ha perdido el control.

El informe también revela una crisis de confianza de proporciones. El nuevo indicador de confianza, registra un promedio regional de 4,08, dentro del nivel de “alerta”, la categoría de mayor riesgo. El desprestigio de partidos, parlamentos y autoridades no es un fenómeno aislado, convirtiendose en una tendencia transversal que afecta a democracias de muy distinta trayectoria. Pese a ello, persiste una paradoja,  la ciudadanía continúa considerando las elecciones como el mecanismo legítimo para resolver las disputas políticas. En un año de ciclos electorales intensos, esa adhesión a la vía democrática aparece como el último sostén frente a la erosión institucional.

En materia económica, la fotografía es difusa. La región enfrenta tasas persistentes de desempleo e inflación que afectan directamente el bienestar de los hogares y erosionan la confianza en la recuperación. Sin embargo, el estudio recoge cierto optimismo hacia el mediano plazo, impulsado por proyecciones de mayor inversión, reorganización de cadenas logísticas mejores condiciones en países que renovaron liderazgos políticos en 2025. Aun así, la desigualdad en la calidad del empleo, la informalidad y las tensiones fiscales siguen condicionando la posibilidad de un crecimiento sostenido.

Dentro de este panorama, Chile ocupa un lugar singular. El país aparece entre los que enfrentan mayores niveles de riesgo en delincuencia y crimen organizado, registrando cifras comparables a Brasil y México. Para los especialistas chilenos consultados, la instalación del crimen organizado en territorios específicos, la diversificación de delitos y el aumento de la violencia han desplazado la idea histórica de “excepcionalidad” y revelan un problema estructural que se instaló con fuerza. El informe advierte que las presiones criminales ya tienen efectos en la percepción ciudadana y en la estabilidad política, transformándose en una demanda central para el próximo ciclo presidencial.

Pero el caso de nuestro país también muestra contrastes. En lo político, Chile registra uno de los niveles más bajos de riesgo de la región, gracias a una institucionalidad electoral percibida como robusta y confiable. Los procesos electorales de 2025 reforzaron esa valoración, ubicando a Chile en la categoría de “caution”, muy por debajo del promedio regional, y lejos de los episodios de judicialización o tensiones postelectorales que afectaron a otros países.

En el ámbito económico, Chile muestra señales de leve recuperación. Entre junio y noviembre, su riesgo económico fue el que más cayó en todo el estudio, apuntando a mejores expectativas de inversión. Aunque persisten desafíos en empleo y productividad, la proyección para los próximos años es más favorable que en países como México, Colombia o El Salvador, donde la erosión del Estado de derecho y la inseguridad actúan como freno para el crecimiento.

Finalmente, el reporte de este año concluye que América Latina ingresa en un periodo donde se juega una parte relevante de su futuro democrático y económico. La capacidad de los gobiernos para enfrentar el crimen organizado, recomponer la confianza institucional y ofrecer condiciones claras para la inversión será determinante. En ese marco, el caso chileno refleja con nitidez las tensiones que atraviesan la región, expresadas en una vulnerabilidad creciente en seguridad, pero fortalezas en la percepción de gobernabilidad, de la mano de un nuevo ciclo electoral, y proyección económica que podrían amortiguar parte de los riesgos.

La pregunta que deja abierta el estudio es si los países serán capaces de transformar estas señales mixtas en una estrategia sostenida de resiliencia o si, por el contrario, la convergencia de violencia, desconfianza y estancamiento terminará por incrementar los males que hoy definen al continente. 

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