El 3 de enero comenzó el período de regularización, tercera y última etapa de postulación del sistema de admisión escolar (SAE) que, a diferencia de las anteriores, se realiza directamente en los establecimientos educativos. Durante ésta, quienes no han obtenido un cupo en el colegio de su preferencia o bien quienes no participaron del período de postulación regular ni complementario, tienen la última oportunidad para tratar de conseguir una vacante.
El SAE se creó mediante la Ley N° 20.845 de 2015, a partir de un prejuicio respecto a la manera en que los colegios realizaban sus procesos de selección. A pesar de la falta de evidencia, se les acusó de discriminar arbitrariamente y se impulsó un sistema de admisión que no les otorgó rol alguno en la definición de los criterios para la selección de sus alumnos. La novedad del SAE -que comenzó a implementarse gradualmente para la admisión del año 2018- fue centralizar las postulaciones en el Ministerio de Educación, otorgando un cupo a todos quienes postulasen a un colegio con vacantes suficientes o bien asignando de forma aleatoria a quienes postulasen a colegios sobre demandados, priorizando a los hijos de profesores, hermanos de otros estudiantes y el cumplimiento de una cuota de 15% de alumnos en situación de mayor vulnerabilidad[1].
Pues bien, como cada comienzo de año cuando se lleva a cabo el período de regularización, distintos medios de comunicación han mostrado a apoderados haciendo fila afuera de los colegios más demandados de sus comunas. Pero ¿por qué se producen las filas? Si el SAE se creó para evitar situaciones como esa, ¿podemos decir que el mecanismo falló? ¿Qué hay detrás de estos apoderados dispuestos incluso a pasar la noche en espera de un cupo para su hijo? Si bien se trata de preguntas complejas, en el presente análisis revisamos algunos datos que pueden entregarnos algunas luces al respecto.
Análisis de postulaciones a 1° medio 2022
En primer lugar, es importante señalar que ni el SAE ni ningún sistema de admisión va a lograr que todos los postulantes sean admitidos en el colegio de su preferencia mientras la oferta de establecimientos de calidad sea insuficiente e incapaz de satisfacer la demanda que existe por ellos. Para tener un orden de magnitud, en el presente análisis revisamos las bases de datos de la etapa regular del proceso de admisión 2021 para el año escolar 2022, tomando a quienes postularon a 1° medio[2][3]. Es así como encontramos que, de los 115.315 postulantes, cada uno de los cuales realizó en promedio 3,4 postulaciones, 59,3% fue admitido en el colegio de su primera preferencia, mientras que 16,1% quedó en su segunda opción, 7,4% en la tercera, 6,4% en otra de sus alternativas y 10,7% no logró un cupo en ninguna de ellas.
Más aún, al ahondar en los resultados de las postulaciones, se encuentra que hay un grupo que se está viendo especialmente perjudicado, en la medida que queda sistemáticamente con una menor frecuencia que el resto en el colegio de su preferencia. Se trata de los estudiantes que son calificados por el propio sistema como de alto rendimiento académico, por provenir del 20% superior de notas de su colegio de origen. Para el proceso 2021, éstos representaron un 39,2% del total de postulantes a 1° medio, lo que da cuenta de una sobrerrepresentación que además sugiere una mayor motivación por cambiarse de colegio y recibir una formación académica acorde a sus intereses.
En el Gráfico 1 se comparan los resultados de la primera etapa de admisión según si el postulante es o no de alto rendimiento. Se observa que, a nivel nacional, sólo un 55% de los estudiantes calificados como de alto rendimiento que postularon a 1° medio fueron admitidos en el colegio que escogieron como primera preferencia, mientras que, entre el resto de los postulantes, dicho porcentaje fue 7,1 puntos porcentuales superior y llegó a 62,1%.
En la misma línea, se observa que 7,9% de los postulantes de alto rendimiento obtuvieron un cupo, pero en uno de los colegios que escogió fuera de sus tres primeras preferencias, mientras que 12,7% no quedó en ninguno a los cuales postuló. Sumando ambos grupos, podría decirse que hubo un 20,6% que posiblemente quedó totalmente disconforme con los resultados del proceso, proporción que llega a 15% entre el resto de los postulantes.
Gráfico 1. Resultados primera etapa de postulación: distribución de estudiantes de alto rendimiento y restantes, según preferencia en la cual es admitido.
Estos porcentajes de éxito en la postulación, sin embargo, varían entre regiones, aunque en todas se mantiene que los alumnos de alto rendimiento tienen menos chances de acceder a los establecimientos de su primera preferencia. Con todo, tal como muestra la Tabla 1, es en las regiones del norte del país (Tarapacá, Antofagasta y Atacama), así como en la Metropolitana, donde los postulantes de alto rendimiento obtienen un peor resultado, quedando incluso menos de la mitad de ellos en su primera opción.
Tabla 1. Resultados etapa regular de postulación por región: distribución de estudiantes de alto rendimiento y restantes, según preferencia en la cual es admitido.
Una razón que podría explicar esta diferencia entre el éxito en la postulación de alumnos de alto rendimiento y los restantes, tiene que ver con que los primeros postulan en mayor medida a establecimientos educacionales de alta demanda, es decir, disputan las vacantes más solicitadas de cada región, de manera que la probabilidad de adjudicárselas es más baja. Esta hipótesis es consistente con lo que muestran los datos: mientras los alumnos de alto rendimiento académico de la cohorte analizada postularon en primera preferencia a colegios que recibieron un promedio de 6,1 solicitudes por vacante, el resto de los alumnos aplicó a establecimientos que promediaron 4,5 postulaciones por cupo.
En suma…
La evidencia proporcionada en el presente análisis sugiere que existe un porcentaje significativo de postulantes que no son admitidos en su primera opción y que también hay un grupo que posiblemente queda totalmente disconforme con los resultados del proceso, toda vez que no obtiene siquiera un cupo dentro de sus tres primeras preferencias. Dentro de ellos, destaca la situación de los alumnos de alto rendimiento académico, quienes suelen postular a colegios con mayor demanda y por lo tanto obtienen peores resultados de admisión que el promedio. Dicha situación, que es especialmente relevante en algunas regiones del país, podría estar explicando las filas que nos han mostrado diversos medios de comunicación.
Con todo, y aún cuando no es posible conocer cómo era la situación antes de la implementación del SAE -pues no hay datos sobre postulaciones-, considerando que previamente estos postulantes tenían algún tipo de prioridad y que, en caso de no ser admitidos, al menos podían atribuirlo a un parámetro objetivo como era su desempeño escolar, es posible que el nuevo sistema, que en su mayoría no reconoce su mérito académico, les produzca mayor frustración y disconformidad. Son los sentimientos que posiblemente estén detrás de quienes están haciendo fila para poder obtener una vacante en el colegio que quieren.
Esto constituye un antecedente a favor de incorporar más criterios para la admisión. Dada la alta concentración que existe en las preferencias, es razonable que un sistema de admisión busque distinguir y dar cierta prioridad en la elección a los alumnos destacados, incentivando así valores clave para el progreso de nuestra sociedad. Ello permitiría que un joven que se ha esforzado por alcanzar los mejores resultados, renunciando a otras cosas por obtener buenas notas, tenga mayor probabilidad de ser admitido en el establecimiento de su preferencia. De lo contrario, no sólo se estará desmotivando a los mejores estudiantes, sino que también se les estará castigando debido a sus preferencias más intensas por una mejor educación.

