Entrevista a Juan Andrés Fontaine: “Hay una rectificación importante del rumbo fiscal de los últimos años”

Si la elección presidencial 2018 se zanjará entre los ex presidentes Ricardo Lagos y Sebastián Piñera es una apuesta a la que evita referirse. Sí es claro, dice, que la carrera por La Moneda estará marcada por tres temas gravitantes para el futuro de la política económica chilena: la compleja situación fiscal que heredará el próximo gobierno, la pérdida sostenida de la capacidad de crecimiento del país y la necesidad de dar con alternativas viables para mejorar el sistema de pensiones.

Para el ex ministro de Economía del gobierno pasado, Juan Andrés Fontaine, los datos gruesos del proyecto de Ley de Presupuestos 2017 dados a conocer el jueves por la Presidenta Michelle Bachelet, y al día siguiente detallados por el ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, si bien dan cuenta de un esfuerzo por reencauzar las arcas públicas y converger al equilibrio estructural con reducciones del déficit a razón de 0,25% del PIB por año, no aseguran que las prioridades estén bien puestas.

“Yo aplaudo lo que ha hecho el ministro Valdés con esta señal de gasto, de contenerlo. Pero en la letra chica del Presupuesto uno ve que hay una cantidad de recursos que se destinan a usos que parecen bastante poco prioritarios, que no están siendo suficientemente priorizados”, afirma.

¿Valdés ganó la principal batalla para un ministro de Hacienda, que es el control fiscal?

Todavía tenemos información insuficiente para decir quién gana y quién pierde, pero lo que sí podemos apreciar es que hay una rectificación importante, que valoro mucho, de lo que ha sido el rumbo de la política fiscal en los últimos años. El gasto público creció al 6% promedio en los últimos años, en circunstancias que el PIB ha crecido en torno a 2%, es decir, triplicamos la tasa de crecimiento del PIB en el ritmo de expansión del gasto fiscal. Ahora pasamos a un gasto que crece 2,7% y con eso el Presupuesto 2017 corrige de manera muy significativa las cosas. Incuestionablemente, eso es mérito del ministro Valdés.

¿Se anotó un punto importante? No pudo hacerlo con la reforma laboral ni con la educacional…

Creo que desde luego gana un punto que es muy importante. La solvencia y la coherencia de la política fiscal es piedra angular del desarrollo de la economía y Valdés logra claramente el objetivo. Vamos a ver cómo le va en el Congreso. Han surgido críticas, pero creo que aquí se ha dado un paso determinante.

¿Es un punto de inflexión del ministro por sobre el gabinete?

Yo soy más bien crítico de la gestión del ministro Valdés en los otros aspectos. Creo que él no sólo ahora, sino desde el comienzo de su gestión, ha sido bastante exitoso en ir frenando una expansión absolutamente excesiva del gasto público. Pero no ha tenido el mismo éxito en reencauzar la política general del gobierno hacia objetivos de crecimiento económico y, de alguna manera, lo que estamos viendo con esta restricción del gasto público es resultado de la falta de dinamismo de la economía.

Pero es claro que frenó las presiones, aseguró la convergencia al equilibrio fiscal y es probable que esté detrás de los guiños que hizo  la Presidenta al tema del crecimiento, la inversión, a los agentes económicos… 

Ahí hay dos temas. Desde el punto de vista de la convergencia, lo dijo la Presidenta y lo reiteró también el ministro, esta estrategia que se ha delineado es compatible con la meta de reducir el déficit estructural en 0,25% del PIB el próximo año respecto de lo que habría sido este año, evaluado con los nuevos parámetros, vale decir, con un precio del cobre de largo plazo menor al considerado inicialmente y un crecimiento del PIB potencial mucho más bajo, del orden de 3%. Con esos nuevos parámetros estaría reduciéndose el llamado déficit estructural, que es el que da la tendencia, en 0,25% del PIB. Sin embargo, como esos nuevos parámetros elevan el déficit 2016, de algún modo el nuevo déficit previsto para 2017, aún 0,25% del PIB inferior, sigue siendo relativamente alto, porque esa reducción se calcula desde un punto más alto. Y, le insisto, no tenemos a la vista los detalles para verificarlo.

¿Eso es porque crece la base fiscal?

Claro, la base del déficit estructural habría aumentado este año. Al final, los mercados, los inversionistas, las clasificadoras de riesgo de Chile y el exterior, más que todo ese cálculo, que es complejo, lo que van a mirar es la última línea: es decir, a cuánto llega el déficit efectivo y cómo está creciendo la deuda pública, porque al final ese déficit se financia con más deuda. Y ahí creo que lo que se está haciendo en el Presupuesto 2017 es positivo en cuanto a frenar el aumento del gasto y del déficit, pero aparentemente no se reduce. El déficit efectivo 2017 estaría, así como estuvo este año, en torno al 3% del PIB, y eso es insostenible a mediano plazo, porque implica más deuda.

Pero la deuda chilena no es tan grande como la de otros países.

La deuda bruta se ha duplicado hasta llegar al 20% del PIB, según se informó, y seguirá creciendo a 3% del PIB en 2017 y así sucesivamente. Estamos embarcados en una posición fiscal de un alto déficit, de modo que más que celebrar desde el punto de vista de la prudencia y realismo en política fiscal, creo que no había otra salida.

En la Nueva Mayoría (NM) ya han expresado descontento. ¿Cree que la tramitación en el Congreso será más difícil que lo que vimos el año pasado?

Estas negociaciones son siempre complejas y se estiran hasta última hora. Entiendo perfectamente la frustración de parlamentarios de la NM; en cierto modo, es la hora de la verdad y es el fin de la ilusión. Ellos fueron conducidos por economistas de la NM a pensar erróneamente que se podía diseñar una política de fuerte expansión del gasto y prometer todo tipo de programas, gratuidad universitaria y otras transferencias. Les dijeron que el financiamiento caería de alguna parte, de un crecimiento económico fuerte o algo por el estilo. Obviamente, era una fantasía y lo que hay ahora es un regreso a la realidad. Lo que está sucediendo es el fin de la ilusión, es encarar la realidad y es inevitable.

¿Qué habría pasado si el aumento de gasto hubiera sido mayor?

Déficits como los que tendremos este año y el próximo, de 3% del PIB, se han visto raramente en nuestra historia desde los 80 hacia adelante. Hubo un déficit relativamente alto por la crisis de 2009, pero excluyendo eso, ha sido infrecuente un déficit de esta magnitud. Por eso que la deuda pública bruta, que ha estado en torno a 10% del PIB por varios años, ha llegado al 20% del PIB y detrás de eso hay un fuerte crecimiento del gasto público a un ritmo de 6% por año real durante este gobierno. Si uno mira hacia atrás, el nivel del gasto público que tenemos hoy es exactamente el doble en términos reales, corregidos por IPC, de lo que gastaba el gobierno hace 10 años. Lo que ha habido es una fuerte expansión del gasto público en la errónea idea de que eso va a permitir solucionar una cantidad de problemas reales. Simplemente son recursos dilapidados.

Las prioridades en duda

¿El ministro Valdés cobró más peso dentro del gabinete?

Ojalá. En esta decisión fiscal claramente siento ese peso, lo valoro y aplaudo, pero insisto en que hay una cierta dosis de inevitabilidad en esta decisión. Mientras en los temas en los cuales probablemente sí la gama de opciones es amplia, es donde no lo he visto con igual capacidad de influir, y son esos temas los que están afectando nuestra capacidad de crecimiento.

¿Se refiere a la reforma laboral y la gratuidad universal?

Desde luego la reforma laboral, lo que podría ocurrir con pensiones, pero también en lo que es la composición del Presupuesto 2017. Hasta ahora, nos hemos concentrado en los grandes parámetros del gasto público y los déficits, pero si nos metemos en los detalles, que no conocemos, siguiendo los datos sabidos encontramos que probablemente cerca de la mitad del aumento del gasto se va a educación y a temas en ese ámbito que todos sabemos no son particularmente prioritarios. Recién hace sentido partir la gratuidad en las universidades y ahora también se está anunciando para los institutos profesionales y centros de formación técnica. En eso se están gastando unos US$ 400 millones.

¿Usted ya sacó los cálculos?

El aumento de 2,7% del gasto público son unos US$ 1.500 millones, y de esos, US$ 400 millones se están gastando en la gratuidad y adicionalmente se está gastando otra cantidad importante en los nuevos centros de formación técnica o institutos profesionales estatales, que es parte de la promesa política. Yo me pregunto cuál es el real beneficio de hacer ese esfuerzo, y creo que es altamente discutible.

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Entrevista a Juan Andrés Fontaine, Consejero de Libertad y Desarrollo, en La Tercera.-