¿ASEGURA UN SISTEMA PROPORCIONAL MÁS COMPETENCIA Y PERTINENCIA PARA NUESTRO SISTEMA POLÍTICO?

En el día de hoy, la Presidenta firmó el proyecto de ley que reemplaza el sistema electoral binominal por un sistema proporcional, aunque en estricto rigor el sistema binominal es un sistema proporcional sólo que de baja magnitud distrital (número de escaños a repartir por unidad electoral).

A efectos de introducir mayor proporcionalidad al sistema, se plantea realizar una fusión distrital, para de este modo, configurar distritos que elijan desde 3 a 8 representantes en la Cámara y circunscripciones como en el caso de la Región Metropolitana donde se elegirían hasta 7 senadores. Este aumento, tendría como consecuencia el paso desde 120 a 155 diputados, y desde 38 a 50 senadores.

"Al analizar el proyecto surgen interrogantes respecto a su viabilidad política y la pertinencia atendiendo a características de nuestro sistema político", señala el investigador del Programa Sociedad y Política, Jorge Ramírez.

Partiendo de la premisa de que los sistema electorales son instituciones que generan múltiples efectos en el sistema político, el cambio hacia una orientación estrictamente proporcional generará una serie de consecuencias que no parecen ir en la línea de introducir más competencia y eficacia al sistema político.

En primer lugar, se encuentra el debilitamiento de la identificabilidad electoral (capacidad de reconocer y exigir rendición de cuentas) al constituirse distritos sumamente grandes. "Si bajo el modelo actual, la ciudadanía es incapaz de reconocer a los dos diputados de su distrito, bajo un modelo de fusión distrital, en un distrito extenso, con ocho representantes, con dificultad podrá optimizar su accountability. La literatura indica que al identificabilidad electoral es una variable crítica a considerar en el análisis de todo sistema electoral", explica Ramírez.

Enseguida, se encuentra el asunto de la competencia electoral. A juicio del cientista político, nada asegura que un sistema proporcional introduzca niveles de competitividad superiores a los experimentados en la actualidad . Como el sistema seguirá operando bajo la lógica de listas, los casos de candidatos 'arrastrados' por candidatos con mayor capital electoral aumentarán, y fenómenos tales como quintas, sextas, séptimas u octavas mayorías podrán acceder perfectamente a un escaño con votaciones inferiores al 10%. "Si el objetivo era introducir competitividad, claramente diseños mixtos de sistemas electorales que combinan elementos mayoritarios con complementos de proporcionalidad (a la luz de nuestro multipartidismo) parecían más adecuados", advierte el experto.

En tercer lugar se encuentra la tensión que se genera a la hora de combinar un sistema hiperpresidencialista como el nacional, con un sistema estrictamente proporcional. Los sistemas proporcionales permiten mayor representatividad de las corrientes políticas, por lo que la problemática en ningún caso pasa por un problema endógeno a este tipo de sistemas. Para Ramírez, la problemática surge, y así lo ilustra la literatura, cuando este tipo de sistemas se combinan con sistemas presidenciales. Los sistemas proporcionales maximizan su eficacia y logran una sinergia positiva con los sistemas políticos en contextos de formas de gobierno parlamentarias, no presidenciales.

En cuarto lugar, la reforma tendrá consecuencias en la praxis política. "Al tener distritos más extensos las campañas políticas se encarecerán y el contacto directo entre candidato y votante -que ya resulta dificultoso- será más complejo aún", explica.

Finalmente, el proyecto abre una tensión política al aumentar el peso relativo del área metropolitana en desmedro de las regiones. Esto no es más que el costo de corregir el dispar peso del voto que experimenta el sistema actual. A su vez, emerge el tema de la pertinencia y aprobación de la ciudadanía al significativo aumento de representantes.

En síntesis, parece razonable iniciar el camino hacia una reforma al sistema binominal, sin embargo a la luz del proyecto planteado por el ejecutivo,  primero surgen dudas de si realmente estaremos reemplazando el binominal por un mejor sistema, y segundo, de si se evaluaron otras alternativas que sí constituirían un avance hacia la consecución de un sistema más competitivo y pertinente para nuestro contexto institucional.