DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER: OPORTUNIDAD DE REFLEXIÓN

A continuación reproducimos la columna de nuestras investigadoras Silvia Baeza, Susana Jiménez y Cecilia Cifuentes, publicada hoy en Pulso:

La conmemoración del día internacional de la mujer se presenta como una oportunidad para reflexionar sobre el rol y desafíos de las mujeres en nuestro país. La población femenina en Chile alcanza al 50,5% de la población total, por lo que el diagnóstico es claro: no somos una minoría.

Por ello, los asuntos tradicionalmente relacionados con la mujer, como relación trabajo-familia y participación en la vida pública, son temas que la sociedad debe abordar ya no como antaño,  desde la mirada de protección a una minoría, sino desde la realidad que constituye que las mujeres seamos literalmente la mitad del país.

Dentro de los temas que se mantienen en la agenda, la compatibilidad entre trabajo y familia es claramente el centro del interés, sobre todo de las mujeres, que cumplen roles no sólo respecto de los hijos -el 59% de ellos están exclusivamente al cuidado de la madre y el porcentaje restante mayoritariamente al cuidado de otras mujeres - sino que también tienen a su cargo a adultos mayores o familiares con necesidades especiales.

Existe consenso en la importancia de la incorporación de la mujer al trabajo, relevante tanto como factor de crecimiento económico y desarrollo personal como porque el empleo es la mejor herramienta para salir de la pobreza: según la Casen del 2009, el 33,1% de los hogares tiene una jefa mujer.  A esto se suma el interés por aumentar la participación femenina en política, ya que sólo un 15% de los parlamentarios chilenos son mujeres. Y esto se repite a nivel municipal: hay 43 alcaldesas en 345 municipios y sólo 493 concejalas de 2140 cargos. Incluso, recientes encuestas apuntan a que las principales razones que dan las mujeres para no participar en elecciones tienen que ver con sus vidas familiares.

Por otra parte, la positiva incorporación de la mujer al mercado laboral ha impactado fuertemente en la tasa de natalidad -que llega a 1,9 hijos por mujer-   por lo que se hace urgente disminuir las barreras de acceso al trabajo, que para las mujeres son principalmente de índole doméstica.

Es por eso que debemos avanzar en materia de flexibilidad laboral; es un beneficio para muchas trabajadoras el poder adaptar sus jornadas laborales, de modo que debe dejarse atrás el concepto de que flexibilidad implica precariedad.

En el mismo sentido, se debe hacer un esfuerzo en que la protección de los derechos de los trabajadores del sector doméstico considere las especiales condiciones en que dichos servicios se prestan, evitando rigideces extremas que dificulten aún más a  las madres el poder salir a trabajar.

Asimismo,  crear un sistema de cuidadoras, es un proyecto que debe abordarse con prontitud, ya que disminuye los costos de traslado y es una buena respuesta frente a aquellos casos en que la salud de los niños impide que asistan al sistema escolar.

Las salas cunas y jardines infantiles son también una alternativa al cuidado en el hogar pero debe mejorarse el sistema de horarios, evitar las prácticas de salidas diferenciadas e implementar alternativas de turnos que funcionen todo el año para permitir mayor compatibilidad con  las jornadas de trabajo. Respecto de los colegios, una buena práctica sería que las actividades escolares que requieren presencia de los padres consideren que ambos trabajan, ya que culturalmente se asume que la mamá puede asistir a cualquier horario, lo que no se condice con la realidad de las madres trabajadoras ni incentiva la participación de los padres. Esa es a todas luces una mirada que debemos cambiar.

Los caminos pueden ser más largos de recorrer, como los cambios legislativos o más fáciles de alcanzar, como los de autorregulación, pero todos ellos son necesarios para aumentar las oportunidades de las mujeres en Chile.