Origen y actualidad

En Chile, la derogada Ley N° 6.020, del año 1937, definía el salario vital como: “el necesario para satisfacer las necesidades indispensables para la vida del empleado, alimentación, vestuario y habitación; y también las que requiera su integral subsistencia”.

Este es un concepto que, probablemente, deriva de la doctrina social de la Iglesia, en particular de la encíclica Rerum Novarum (del año 1891), donde se explica que el empleador y el trabajador pueden pactar libremente un contrato de trabajo, pero que ese acuerdo “no debe ser en manera alguna insuficiente para alimentar a un obrero frugal y morigerado”[1]. Nociones más modernas, como la recientemente acordada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), lo consideran como “un nivel salarial necesario para permitir un nivel de vida decente a los trabajadores y sus familias, teniendo en cuenta las circunstancias del país y calculado para el trabajo realizado durante las horas normales de trabajo”[2].

Sin embargo, dichas definiciones, aunque deseables, no consideran los distintos factores que influyen a la hora de establecer un salario en el mundo real (productividad del trabajador, rentabilidad del empleador), ni tampoco las consecuencias en el mercado del trabajo de fijar los salarios por ley, que pueden terminar excluyendo del mercado del trabajo formal a los trabajadores menos calificados. Estas tensiones son reconocidas por la misma OIT[3].

Por qué es importante

La candidata presidencial, Jeannette Jara, en la primera de las 20 medidas prioritarias que estableció en su programa de gobierno de cara a las elecciones primarias del pasado 29 de junio, establecía que se “avanzará hacia un salario vital”, sin entregar mayores detalles de qué significaría en la práctica esa propuesta en el contexto de Chile en el siglo XXI. Durante su campaña, Jara señaló que esperaba que la economía genere salarios acordes al costo de la vida y cifró el salario vital en $750 mil[4].

En el contexto de la carrera presidencial de 2025, es probable que establecer un salario vital (que es otra forma de llamar a incrementos sustanciales al salario mínimo), forme parte de las propuestas de los diferentes candidatos, por lo que entender las implicancias de este tipo de medidas es fundamental.

Implicancias

Chile aún no logra superar los efectos provocados por la pandemia en el mercado laboral. La tasa de ocupación (56,6%) sigue por debajo de la que había en 2019 y la tasa de desempleo (8,9%) se ubica en

sus mayores niveles desde 2010[5]. Es en ese contexto, donde aumentar los salarios sin que ellos vayan acompañados con incrementos en la productividad, solo hará más difícil crear empleos. Algo que ya alertó el Banco Central[6]. Incluso el propio gobierno lo ha reconocido al establecer un subsidio para que las pymes sean capaces de pagar el elevado sueldo mínimo que el propio Estado les impone[7].

En una economía de mercado, el Estado debe entregar las condiciones y establecer las reglas para que las personas puedan desarrollar emprendimientos y generar empleos. El Estado también tiene un rol en establecer políticas públicas eficientes para quienes, por distintos motivos, no encuentran empleos o tienen bajos salarios. Esto último justifica la existencia de políticas pro-empleo como subsidios cuyo objetivo es disminuir los costos de contratación de ciertos grupos (jóvenes sin experiencia, mujeres) o políticas de capacitación que buscan mejorar la productividad de las personas para mejorar su nivel de empleabilidad y salarios.

Sin embargo, muchos de estos programas no logran sus objetivos[8], es por ello que una mejor propuesta -que también es preferible a un salario vital que las empresas difícilmente podrán costear de manera orgánica- es crear un impuesto negativo al ingreso. Esta herramienta consiste en transferencias monetarias para trabajadores con bajos ingresos laborales[9]. De esta forma, se incentiva el empleo formal, se elevan los ingresos y disminuye la pobreza, recayendo en el Estado la responsabilidad de financiar esta política.

En definitiva, el concepto de salario vital confunde legítimas aspiraciones del mundo político (mejorar la calidad de vida de las personas), con la realidad de cómo funciona el mercado laboral, al desconocer que los empleadores crean empleos y establecen salarios en base a la productividad de los trabajadores y no en base a buenas intenciones.

El presente texto corresponde a una sección del Informe de Coyuntura Política N° 38 - Julio de 2025


[1] Número 32. Disponible aquí.

[2] Disponible aquí.

[3] Revisar aquí.

[4] Ver entrevista aquí.

[5] Datos para el trimestre marzo – mayo. En el caso de la tasa de desempleo, no considera los años 2020 y 2021 debido a los efectos de la pandemia. Fuente: Encuesta Nacional de Empleo, INE.

[6] Por ejemplo, el Banco Central en su IPoM de diciembre de 2024 estimó que un aumento de un 1% en salario promedio de la empresa inducido por el aumento de salario mínimo, se reduce el empleo de las empresas con mayor proporción de trabajadores afectos al salario mínimo en 1,16%.

[7] Ley N°21.751.

[8] En el caso de la capacitación laboral, por ejemplo, ver aquí.

[9] Para más detalle revisar aquí, página 70.