NiƱos haitianos

El LĆ­bero

Otra vez un informe de la ContralorĆ­a remece a nuestra administración pĆŗblica. DespuĆ©s del caso de licencias mĆ©dicas, donde decenas de miles de funcionarios pĆŗblicos (mĆ”s del 90% permanece en sus puestos) viajaron de vacaciones al extranjero mientras hacĆ­an uso de licencias mĆ©dicas que supuestamente les impedĆ­an trabajar, un informe del organismo dirigido por Dorothy PĆ©rez dejó al descubierto que el Servicio Nacional de Migraciones, a cargo de Luis Eduardo Thayer durante el gobierno de Boric, aplicó excepciones a requisitos exigidos por ley sin tener facultades para hacerlo, lo que representa una evidente vulneración al orden jurĆ­dico.

Dichas excepciones tenían como objetivo aumentar significativamente el número de emigrantes, especialmente en los casos de reunificación familiar. Las visas de reunificación otorgadas a ciudadanos haitianos subieron de 1.941 el año 2022 a 19.141 el año 2025. Las alarmas sonaron cuando se supo tras el informe de Contraloría que la administración pública chilena no tenía información sobre el paradero de un número importante de esos niños, lo que hizo temer por una vulneración de sus derechos.

El Presidente Kast convocó a los tres poderes del Estado a una reunión para analizar esta emergencia y designó a la ministra de Desarrollo Social y Familia, María Jesús Wulf para liderar una fuerza de tarea que incluyó, ademÔs del Sermig, a la Cancillería y la PDI. En una semana, gracias a esta iniciativa, la PDI fue capaz de encontrar a los 64 niños haitianos que no habían sido ubicados en la muestra de 105 niños que tomó la Contraloría, lo que bajó las alarmas respecto a la posibilidad de que esos niños fueran víctimas de trÔfico de migrantes.

Sin embargo, esto no nos puede dejar tranquilos. El informe de la ContralorĆ­a detectó una deficiente y casi inexistente coordinación entre el Servicio de Migraciones, la PDI y la SubsecretarĆ­a de la NiƱez para hacer seguimiento a los menores que ingresan al paĆ­s por reunificación familiar. El Sermig no verificó los datos auto reportados por las personas haitianas que solicitaron permisos de reunificación familiar, tales como cĆ©dulas de identidad y domicilio en Chile. No hay protocolos con instrucciones ante casos de niƱos y adolescentes que han obtenido residencia, hay incumplimientos de estampados electrónicos, nĆŗmeros de códigos y verificación de autenticidad. El servicio no cuenta con una base de datos sobre procesos de reunificación familiar Ć­ntegra. No es de extraƱar esto si el ex director del Thayer por su cuenta y riesgo sin tener atribuciones para ello habĆ­a relajado las exigencias que la ley establece para los procesos migratorios por medio de un simple memorĆ”ndum emitido en mayo del 2024, con efecto retroactivo a partir del aƱo 2022.

La PDI no contaba con protocolos detallados con controles y revisiones necesarios para el registro de estas personas al paƭs, en contraste con el estricto control para los ciudadanos chilenos. Entre enero y abril de 2025, perƭodo investigado por la Contralorƭa, mƔs del 50% de los niƱos que ingresaron lo hicieron en vuelos chƔrter.

Hay vuelos que llegaron al paĆ­s sin lista de pasajeros; 12 adultos figuran ingresando niƱos en forma habitual entre 2024 y 2025; en un vuelo un adulto figura como responsable de 34 niƱos. En fin, hay una sospecha plausible de trĆ”fico de niƱos y los datos fueron entregados por la ContralorĆ­a al Ministerio PĆŗblico y documentos judiciales haitianos confirman un vĆ­nculo entre un imputado por trĆ”fico de menores y hallazgos del informe de ContralorĆ­a. TambiĆ©n se incluye una denuncia por pagos a una funcionaria de Migraciones para trĆ”mites de niƱos haitianos. La FiscalĆ­a formalizó estos dĆ­as en Chile a dos personas por trĆ”fico de niƱos y se mantienen abiertas varias investigaciones al respecto.

Ello da cuenta de un problema que puede ser sistĆ©mico en la administración pĆŗblica chilena: el foco estĆ” puesto en las instituciones del Estado y no en la población a la que sirven. Cada servicio se centra en su propio proceso y no en el resultado e impacto de las acciones del Estado sobre los ciudadanos. Esta manera de las instituciones pĆŗblicas de trabajar en silos que no se comunican entre sĆ­, se ha acentuado con el incremento de empleados pĆŗblicos con el resultado que el aumento del gasto para sostener esta burocracia no mejora los servicios, sino que los empeora.

Pero hay otra conclusión inquietante. Los hechos conocidos a raĆ­z de estas investigaciones permiten concluir que, desde el segundo gobierno de Michelle Bachelet, donde se conoció la entrada masiva de ciudadanos haitianos al paĆ­s en vuelos chĆ”rter, hubo un intento deliberado de aumentar la cantidad de ciudadanos de ese paĆ­s en Chile, lo cual se hizo sin que se discutiera y aplicara una polĆ­tica que permitiera hacerse cargo del efecto que ello tendrĆ­a. Ello se agravó durante el gobierno de Gabriel Boric con las actuaciones ilegales de Luis Eduardo Thayer.

Hoy, los haitianos representan el 10% de los migrantes en Chile, cuartos despuĆ©s de venezolanos, peruanos y colombianos. Este proceso migratorio pareciera haber seguido el indigno mĆ©todo de llenar el camión y en el camino acomodar la carga (sin detenerse ante el hecho que en este caso la carga era de seres humanos) y continĆŗa representando un riesgo para los menores de ese paĆ­s radicados en Chile y probablemente para muchos otros migrantes. El Estado de Chile deberĆ” hacerse cargo ahora y es de esperar que lo haga respetando la dignidad de las personas y midiendo las consecuencias de sus actuaciones.

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