El Gobierno de Estados Unidos dio cumplimiento a su anuncio de ejecutar una operación de captura contra el narcodictador NicolÔs Maduro. Se trata de un hito de carÔcter histórico y decisivo para la seguridad hemisférica, toda vez que desde el Palacio de Miraflores el régimen no sólo violó sistemÔticamente los derechos humanos de sus compatriotas, reprimió y persiguió a la disidencia, cercenó libertades fundamentales y montó un fraude electoral, sino que ademÔs provocó hambruna y miseria, gatilló el éxodo de mÔs de ocho millones de venezolanos y dirigió estructuras criminales que se expandieron por toda la región.
PolĆticamente, resulta imposible mantenerse al margen de lo que probablemente sea la noticia mĆ”s relevante de este aƱo 2026 que reciĆ©n comienza. Tras conocerse los hechos, gobernantes y dirigentes de todo el continente se han visto obligados a fijar posición.
Pero vale la pena detenerse en la reacción de la izquierda en nuestro paĆs.
Por un lado, estĆ” la izquierda chavista o abiertamente madurista. El Partido Comunista y sectores de la ultraizquierda han puesto el grito en el cielo, condenando con vehemencia la intervención norteamericana. No sorprende. No se trata de actores democrĆ”ticos. Durante dĆ©cadas han respaldado los regĆmenes de Cuba, Nicaragua, Corea del Norte y, por supuesto, el de Maduro, convirtiĆ©ndose en cómplices activos de la tiranĆa y la cleptocracia.
Luego estĆ” el grupo que, habiendo tenido afinidad ideológica con Hugo ChĆ”vez y algunos tambiĆ©n con Maduro, ha ido tomando āpor el peso de los hechosā una distancia calculada del rĆ©gimen. ĀæSe trata de una convicción real o de una maniobra tĆ”ctica? No lo sabemos. En este segmento se ubican el propio Presidente Boric, parte del Frente Amplio, el llamado āSocialismo DemocrĆ”ticoā y algunos remanentes de la izquierda democrĆ”tica chilena.
āNo es la formaā parece ser el concepto que los define. Han dejado de defender pĆŗblicamente a Maduro, es cierto, pero les incomoda profundamente la intervención estadounidense y, desde la asepsia que dictan los tratados de derecho internacional, vuelven a invocar el diĆ”logo, disfrazando su incomodidad con frases vacĆas del tipo āla crisis democrĆ”tica se soluciona con mĆ”s democraciaā.
ĀæQuĆ© es eso? Nada. Quimeras. Aproximaciones indolentes, miopes e ilusas frente a un problema de magnitud real. Los intentos de diĆ”logo en Venezuela han fracasado por mĆ”s de una dĆ©cada āellos lo sabenā mientras la comunidad internacional observaba de brazos cruzados la deriva totalitaria del madurismo y la angustia de un pueblo condenado a ver el colapso de su patria desde el exilio.
Entonces, de poco o nada sirve haber condenado al régimen de Maduro si se opta por la neutralidad o la indiferencia frente a la operación que pone término a su dominio.
Hay, ademÔs, una tercera dimensión que esta reacción deja en evidencia: la incapacidad de una parte significativa de la izquierda chilena para jerarquizar valores cuando estos entran en conflicto.
En este contexto, el principio abstracto de la soberanĆa nacional ācuestionable en el caso venezolano, toda vez que no existe un rĆ©gimen democrĆ”tico con legitimidad para arrogarse la soberanĆa popularā es elevado a dogma y termina pesando mĆ”s que la liberación concreta de una sociedad sometida por una dictadura criminal.
El derecho internacional se transforma asà en una coartada moral y no en una herramienta al servicio de la libertad. Se condena, con razón, el autoritarismo, pero se objeta el único hecho que efectivamente lo desactiva. Se lamenta el sufrimiento del pueblo venezolano, pero se cuestiona el mecanismo que le pone fin.
Y aquĆ es donde caen las caretas. La reacción frente a la caĆda de Maduro no es sólo un test de coherencia internacional, sino una radiografĆa Ć©tica de la izquierda chilena. Aquellos que condenan la dictadura pero relativizan su derrocamiento revelan que su problema no es tanto el autoritarismo en sĆ, sino quiĆ©n lo ejerce y quiĆ©n lo derrota.
La historia no recordarÔ los comunicados tibios ni las declaraciones de equidistancia moral. RecordarÔ, en cambio, quiénes estuvieron del lado de la libertad cuando ésta dejó de ser consigna y se convirtió en hecho.
Columna de Jorge RamĆrez, Investigador del Programa PolĆtico, publicada en Ex-Ante.-