La magnitud de la victoria, el peso de los votos nulos, el futuro de Boric, el tono del dĆa despuĆ©s y la posible consolidación de un nuevo clivaje son las cinco claves que marcarĆ”n la elección presidencial y el inicio del próximo ciclo polĆtico. A continuación, las variables fundamentales a las que conviene prestar atención durante la noche del domingo 14 de diciembre.
1. La brecha.
El margen de votación entre Kast y Jara serĆ” decisivo no sólo para definir el destino polĆtico de Jeannette Jara y su eventual rol en la oposición, sino tambiĆ©n para calibrar la fuerza simbólica del mandato ciudadano de cambio con el que JosĆ© Antonio Kast llegue a La Moneda. Los benchmarks son claros: el 38% del apruebo en el plebiscito constitucional de 2022, el 30% de aprobación promedio de Gabriel Boric y, sobre todo, el 45,4% obtenido por Alejandro Guillier en la segunda vuelta de 2017, la peor cifra de un candidato de la izquierda o centroizquierda en un ballotage desde el retorno a la democracia.
Si Jara alcanza el 40%, podrĆ” argumentar que mejoró en diez puntos la valoración electoral del Gobierno; si queda por debajo del 45%, quedarĆ” registrada como la candidata de peor desempeƱo histórico de su sector. Por contrapartida, si Kast supera el 54,6% obtenido por SebastiĆ”n PiƱera en 2017, su victoria marcarĆ” el mayor respaldo electoral a un lĆder de derecha en la historia republicana. Con todo, es un hecho que, de triunfar, Kast serĆ” el Presidente con mĆ”s votos de la historia, producto del voto obligatorio.
2. Nulos y blancos.
Otro foco estarĆ” en el volumen de votos no vĆ”lidamente emitidos: nulos y blancos. Aquello, por tratarse de una definición entre posiciones polares como por el llamado explĆcito de Franco Parisi a anular o votar en blanco. Pero conviene ser cautos: correlación no implica causalidad. Con el voto obligatorio ya hemos observado peaks relevantes de sufragios nulos y blancos, como en la elección de consejeros constitucionales de 2023, donde superaron los dos millones (21,5% del padrón), sin que Parisi fuera un factor de decisión. Lo mismo ocurrió en la Ćŗltima elección de diputados, coincidente con la primera vuelta presidencial, donde se registraron 1,7 millones de votos nulos y blancos (20% del padrón), pese a que el PDG presentó candidatos en todos los distritos.
Hasta ahora, no existe un patrón claro de voto nulo y blanco en definiciones presidenciales con voto obligatorio. En elecciones presidenciales con voto voluntario, estos votos nunca superaron el 4%. En la primera vuelta reciente, ya bajo obligatoriedad, alcanzaron el 3,7% del padrón.
3. Boric: Āæairoso o apabullado?
El futuro polĆtico de Gabriel Boric estarĆ” estrechamente ligado al desempeƱo de Jara, aunque en sentido inverso. Una derrota amplia de la candidata comunista podrĆa dejarle el camino despejado para intentar liderar la oposición, probablemente desde una identidad mĆ”s socialdemócrata, coherente con la plasticidad que ha mostrado en el ejercicio del poder. En cambio, si Jara no logra superar el 45% de Guillier, se impondrĆ” la lectura de que esta elección operó como un plebiscito sobre la gestión del Gobierno, donde Boric no sólo serĆa copartĆcipe de la derrota, sino su principal protagonista.
4. Las seƱales y el tono.
La metamorfosis de Jara, desde un arquetipo bacheletista hacia una candidata mĆ”s incisiva y, en ocasiones, confrontacional, parece haber buscado anticipar el tono de la futura oposición en caso de derrota. Queda por ver si ese registro se mantendrĆ”, si serĆ” acompaƱado por su sector y si persistirĆ” su lealtad con la militancia comunista. En la vereda opuesta, una eventual victoria de Kast probablemente lo lleve a profundizar el tono templado y convocante que ha venido exhibiendo, incorporando liderazgos y rostros mĆ”s allĆ” de la derecha tradicional, como anticipo del que podrĆa ser el carĆ”cter de su instalación y el ethos de su primer gabinete.
AsĆ las cosas, mĆ”s allĆ” del resultado, el tono que adopten vencedores y derrotados esa misma noche serĆ” la primera seƱal concreta de si el paĆs entra en una etapa de confrontación prolongada o en un ciclo de recomposición polĆtica bajo liderazgos llamados a desempeƱar nuevos roles a la luz del resultado.
5. El nuevo clivaje y el fin de un ciclo.
Si el resultado se aproxima al 60/40 del plebiscito constitucional de 2022, no habrĆ” duda de que ese eje podrĆ” consolidarse como la nueva fisura sociopolĆtica de nuestro tiempo, desplazando tanto el antiguo clivaje del SĆ/No como otros intentos explicativos, en la lógica dicotómica de Ć©lite/pueblo. Una mala noticia para la izquierda, porque reemplazar un clivaje no es rĆ”pido ni trivial.
Si ese clivaje se consolida, la polĆtica chilena āy particularmente la izquierdaā deberĆ” asumir que el conflicto central ya no pasa por identidades heredadas ni relatos del pasado, sino por una disputa mucho mĆ”s directa sobre orden, autoridad, crecimiento y gobernabilidad; la antĆtesis de las premisas del ciclo octubrista.
Columna de Jorge RamĆrez, Investigador del Programa PolĆtico, publicada en Ex-Ante.-