Legado o sucesión. Es el dilema que todo Presidente de la República enfrenta en el ocaso de su administración. Boric no es la excepción.
En su Ćŗltima cadena nacional sobre el presupuesto de la nación, el mandatario sorprendió al envestir a JosĆ© Antonio Kast como el adversario a vencer. Aunque con ello, lejos de minar su proyección, provocó el efecto contrario: lo fortaleció. DespuĆ©s de todo, siete de cada diez chilenos desaprueba la gestión de Boric: en consecuencia, al elegir a Kast como su contendor, no hace sino robustecer al republicano perfilĆ”ndolo como expresión mĆ”s nĆtida de la oposición a su gobierno.
Por ende, en lugar de favorecer las ya escasas posibilidades de sucesión de su sector ārepresentada hoy en la candidatura de Jeannette Jara, ya debilitada de origenā, Boric pareció apostar por algo distinto: cimentar su propio legado polĆtico, erigiĆ©ndose en el futuro como el lĆder de la oposición frente a un eventual gobierno republicano. Resignando la sucesión en favor del legado.
Algunos podrĆ”n argumentar que se trató de un arrebato, fruto de la inclinación natural del Presidente a someterse al vĆ©rtigo electoral, esa pulsión permanente que lo lleva una y otra vez a la arena de la disputa y la confrontación. Pero no fue asĆ. Al menos en esta ocasión no hubo signos de improvisación en su mensaje, sino de un diseƱo.
El cĆ”lculo es transparente: marcar a Kast como el rostro de lo que Ć©l denomina āultraderechaā, mantener vivo el clivaje de la segunda vuelta de 2021 y proyectar ese binomio como el gran eje ordenador de la polĆtica chilena durante un cuatrienio mĆ”s.
El problema para el oficialismo es que esa lógica de Boric no se alinea con sus necesidades inmediatas. La prioridad de un Presidente que busca proyectar a su sector debiera ser darle algo de oxĆgeno a su carta presidencial, no hipotecar su competitividad, ni menos su potencial fuerza electoral parlamentaria, en aras de su perfilamiento como ex presidente. Boric, al escoger el camino de su legado, estĆ” no sólo haciendo aĆŗn mĆ”s cuesta arriba la ya frĆ”gil posibilidad de sucesión, sino que expone a su sector a un significativo revĆ©s parlamentario.
Jeanette Jara resintió el golpe, explicitando por primera vez sus diferencias con el mandatario al indicar que ella no compartĆa la interpelación realizada por Boric a Kast en plena cadena nacional sobre el presupuesto: āno es mi estiloā. AdemĆ”s, seƱaló que era partidaria de conservar la denominada āglosa republicanaā que destina recursos de libre disposición al futuro gobierno en el presupuesto y, de paso, dobló la apuesta de desmarque con el oficialismo al plantear una crĆtica frontal al manejo del Ministro Carlos Montes en la reconstrucción tras el mega incendio de ViƱa del Mar de 2024.
AsĆ, la capacidad de Boric de mantener a su sector unido y cohesionado tambiĆ©n comienza a mostrar signos de flaqueza. La lógica del legado, que parecĆa orientada a proyectar su figura mĆ”s allĆ” del poder, ha terminado por erosionar la cohesión del propio espacio polĆtico que lo sustenta. En los hechos, el Presidente ya no parece mayormente preocupado por asegurar una continuidad para su sector, sino por garantizar su propia permanencia simbólica en el mapa polĆtico. Hoy, mĆ”s que la sucesión, lo obsesiona su lugar en la próxima contienda electoral.
Boric ha preferido convertirse en el heredero de sĆ mismo.
Columna de Jorge RamĆrez, Investigador del Programa PolĆtico, publicada en Ex-Ante.-