Nuestra institucionalidad fiscal parece ser sacada del manual de las mejores prácticas del FMI: i) evaluaciĂłn de los cerca de 700 programas pĂşblicos existentes, para atender eficazmente a los más vulnerables; ii) una meta dual (de balance estructural y de nivel prudente de deuda) autoimpuesta, para que cada gobierno se comprometa con la responsabilidad fiscal; iii) actualizaciĂłn del escenario fiscal y rendiciĂłn de cuentas ante el Congreso cuatro veces al año, para dar espacio para implementar los ajustes necesarios en el gasto frente a desviaciones de la meta; iv) una instituciĂłn independiente, CFA, para supervisar el manejo responsable de la polĂtica fiscal; v) dos comitĂ©s de expertos independientes, para estimar los parámetros que determinan el nivel de gasto en cada Ley de Presupuestos y sacar de la contingencia polĂtica esta definiciĂłn; vi) una Ley de Responsabilidad Fiscal, para incentivar la responsabilidad en la autoridad fiscal; vii) un Banco Central autĂłnomo, con prohibiciĂłn de financiar directamente a cualquier gobierno; viii) una ContralorĂa General de la RepĂşblica autĂłnoma, para controlar la legalidad de los actos administrativos y resguardar el correcto uso de los fondos pĂşblicos; ix) Iniciativa exclusiva del Presidente para aquellas materias relacionadas con la administraciĂłn financiera del estado, para la responsabilidad del manejo de las finanzas pĂşblicas recaiga en el Ejecutivo; x) La aprobaciĂłn anual de la Ley de Presupuestos por parte del Congreso… ¡y podrĂa seguir!
Resulta impresionante todo el andamiaje institucional que se ha creado en torno a nuestra polĂtica fiscal, pero más impresionante aĂşn es que en 16 de los Ăşltimos 18 años hayamos tenido dĂ©ficits estructurales.
Es cierto que el problema viene desde hace ya varios gobiernos. Desde 2008, todos ellos han prometido ser fiscalmente responsables, pero pocos lo han logrado. El actual gobierno no está entre estos últimos. ¿Cómo se explica que en este gobierno se haya acumulado (hasta el momento) un déficit estructural de cerca de 7,5% del PIB en sus 4 años sin haberse producido ninguna crisis o “excepcionalidad”? Esta cifra es un récord ya que solo ha sido superada por el déficit acumulado en Piñera II (-16,1%), pero se vio enfrentado a una pandemia. Este 7,5% es muy superior al alcanzado en Bachelet I (-1,9%), pero con la crisis Subprime de por medio, o a Piñera I (-3,9%), pero con terremoto incluido, o a Bachelet II (-3,1%)… la cual no tuvo excusa.
La ironĂa es que, a pesar de todo este tremendo andamiaje fiscal, Ă©ste no ha sido capaz de limitar de verdad el accionar de los gobiernos y, en particular, del actual. AsĂ, las metas autoimpuestas son meras lĂneas de referencia, que se reinterpretan y se explican, segĂşn las necesidades polĂticas del momento y que, lamentablemente, nadie exige.
Esto nos demuestra que las instituciones no resguardan a nadie, sino las personas y en Chile, la persona que encarna la institucionalidad fiscal es el ministro de Hacienda. Saque usted sus propias concusiones.
Columna de Macarena GarcĂa, Economista Senior, publicada en La Tercera.-