No han sido dĆas fĆ”ciles para la oposición. Las acusaciones de matonaje virtual por parte de Evelyn Matthei -asignando responsabilidad a los republicanos por las calumnias difundidas en redes sociales en su contra- no solo lesionaron el affectio societatis del sector, sino que terminaron generando un efecto contrario en la campaƱa de la abanderada de Chile Vamos.
El error de la exalcaldesa no fue denunciar esta mala prÔctica de cyberbullying y difamación, sino extralimitarse en dos aspectos distintos: (i) abrir la posibilidad de judicializar el asunto y (ii) poner en suspenso su apoyo a José Antonio Kast en una eventual segunda vuelta. A la luz de los datos, la estrategia no parece haber dado réditos. De acuerdo con el Panel Ciudadano-UDD de esta semana, Matthei retrocedió del 18% al 14%, mientras que Kast aumentó su intención de voto del 24% al 29%.
Pero el primer golpe no provino de esta encuesta. Fueron algunos de sus propios candidatos a diputados quienes, en plena fase de darwinismo electoral ādonde la supervivencia (o reelección) lo es todoā insinuaron que serĆa mĆ”s conveniente apoyar directamente a JosĆ© Antonio Kast en primera vuelta, o que tal vez Matthei, mediante un gesto patriótico, podrĆa dar un paso al costado.
Mala idea. Debilitar al extremo la candidatura de Matthei abre un vacĆo que, previsiblemente, serĆ” capitalizado por figuras como Franco Parisi, quien acaba de sellar una alianza electoral con Pamela Jiles, promotora de los sucesivos retiros de fondos previsionales que, a punta de demagogia y populismo, devastaron la economĆa del paĆs.
Que sea Parisi quien crezca a costa de Matthei introducirĆa un vĆ©rtigo de proporciones en la contienda presidencial y dificultarĆa la canalización de votos hacia una candidatura opositora en segunda vuelta. Lo mismo podrĆa ocurrir en el plano parlamentario.
La extinta bancada del PDG -que, como el cuento de los perritos, partió con seis representantes y pronto se transformó en un conjunto vacĆo- demostró ser una verdadera caja de Pandora, y no hay razones para suponer que los aspirantes a un escaƱo por esa tienda en la legislatura 2026-2030 vayan a ser muy distintos. BĆ”sicamente, se trata de parlamentarios sin coordenadas doctrinarias, cuyo accionar se justifica Ćŗnicamente por el interĆ©s propio y el cortoplacismo.
Es cierto que el Partido Republicano y Chile Vamos son proyectos polĆticos distintos, pero tambiĆ©n son complementarios. Para ser electo, Kast necesitarĆ” no solo de los votos de la centroderecha: tambiĆ©n requerirĆ” de la experiencia de los cuadros que este conglomerado puede aportar a su eventual gobierno. En el Congreso, ademĆ”s, su administración necesitarĆ” de una mayorĆa que le permita gobernar con estabilidad. Con un Parlamento donde la oposición verĆ” desplazado su centro gravitacional hacia el Partido Comunista como nuevo polo de acción polĆtica, no contar con una legislatura favorable podrĆa tornar inmanejable la agenda de esa administración.
Los electores de derecha estĆ”n cansados de la asombrosa capacidad de autosabotaje de sus dirigencias polĆticas. Con la salvedad de que, en esta ocasión, los errores no forzados podrĆan ser mĆ”s que una triste anĆ©cdota, ya que podrĆan allanar el camino para lo que hoy parece improbable: el triunfo de una candidata comunista.
Columna de Jorge RamĆrez, Investigador del Programa PolĆtico, publicada en Ex-Ante.-