Tras los anuncios del Gobierno en materia de seguridad, luego de la ola de homicidios acontecidos en la RegiĂłn Metropolitana que dejĂł un trágico balance de 16 asesinatos en 48 horas, la ministra Vallejo declarĂł, con total desparpajo, lo siguiente: “Si estas medidas se hubieran adoptado mucho antes, por ejemplo, en administraciones anteriores, no tendrĂamos que estar apresurando tanto el tranco en nuestro gobierno para poder tener resultados más inmediatos”.
En los cĂłdigos de la polĂtica, culpar a las administraciones anteriores de los problemas presentes es un recurso relativamente habitual, aunque ciertamente desgastado. La ciudadanĂa clama por soluciones situadas temporalmente en el aquĂ y el ahora, sin importar mucho cuándo se originĂł el problema. Sin embargo, hay otra razĂłn por la cual las palabras de la vocera resultan dignas de análisis: omiten que, sobre la base del comportamiento previo, ella y su sector polĂtico son responsables principales de la severa crisis de seguridad por la que atraviesa el paĂs.
Refresquemos la memoria. La segunda administración del expresidente Piñera debió enfrentar la asonada desestabilizadora más relevante de nuestra historia reciente, con una oposición, liderada por Vallejo, Boric, Jackson, el Frente Amplio y el PC, que avivó el fuego de la violencia y contribuyó activamente a horadar la legitimidad y credibilidad de las instituciones de orden y seguridad.
Por si fuera poco, la inclemencia opositora no solo se expresĂł en agitaciĂłn, sino tambiĂ©n en el más fĂ©rreo obstruccionismo legislativo, trabando sistemáticamente las iniciativas legales orientadas a recomponer el creciente deterioro de la seguridad en el paĂs.
En efecto, la propia ministra Vallejo, al igual que el presidente Boric, cuando eran diputados votaron en contra de las leyes de protecciĂłn a la infraestructura crĂtica por parte de las Fuerzas Armadas en caso de peligro grave e inminente; tambiĂ©n rechazaron la Ley Nain Retamal, que aumentaba las penas contra delitos a Carabineros; lo mismo con la Ley Juan Barrios, que sanciona con severidad los delitos incendiarios contra vehĂculos motorizados y otras instalaciones con personas en su interior; tambiĂ©n se opusieron a iniciativas legales que mejoraban la persecuciĂłn penal del narcotráfico y el crimen organizado, entre otras.
Esta semana, vimos que una de las cinco medidas anunciadas por el Gobierno en la materia se relaciona con ampliar el control y fiscalizaciĂłn a la poblaciĂłn inmigrante.
Recordemos nuevamente ÂżQuĂ© sector polĂtico promoviĂł el denominado enfoque de derechos y de fronteras abiertas como piedra angular de la polĂtica migratoria del paĂs? ÂżQuĂ© grupo de parlamentarios llevĂł al Tribunal Constitucional durante la anterior administraciĂłn del presidente Piñera la modernizaciĂłn de la ley de migraciones que dotaba de más herramientas al Estado para combatir la inmigraciĂłn irregular? El lector ya se imaginará la respuesta: el Partido Comunista y el Frente Amplio: Camila Vallejo y Gabriel Boric.
Ante esta desconcertante realidad, surgen dos hipĂłtesis, no excluyentes entre sĂ. Culpar a otros de problemas que uno mismo ha ocasionado puede ser una forma -bastante poco noble- de soslayar la responsabilidad polĂtica como generaciĂłn gobernante.
Aunque tambiĂ©n pudiera tratarse de un asunto más complejo y sĂłrdido: una especie cuasi patolĂłgica de “piromanĂa polĂtica”, entendida como cierta satisfacciĂłn u orgullo por aplacar incendios provocados por ellos. “Estabilizar” un paĂs, desestabilizado por sus propias acciones u omisiones.
Hacer polĂtica de esta forma supone no sĂłlo un alto grado de irresponsabilidad, sino tambiĂ©n el vivir permanentemente al borde de la cornisa. Ser denunciados o descubiertos. O ser consumidos por las llamas del propio fuego, que es como se ve al Gobierno hoy, golpeado con extrema dureza por la delincuencia que, en el pasado, enfrentaron con indulgencia y tibieza.
Columna de Jorge RamĂrez, Investigador del Programa PolĂtico, publicada en Ex-Ante.-