Ya en el tercer aƱo de la presente administración y ad-portas de iniciar un nuevo ciclo electoral que seguramente coparĆ” la discusión pĆŗblica durante los próximos dos aƱos, las reformas estatizantes que impulsa el Gobierno, algunas que incluso fracasadamente intentaron mediante una nueva Constitución, estĆ”n en una situación que es al mismo tiempo clara y compleja para La Moneda: su agenda estatizante estĆ” en manos de la oposición.Ā
Al Gobierno se le debe reconocer la transparencia y perseverancia en sus propósitos y hasta dónde estĆ” dispuesto a llegar para conseguirlos. Igual de claros son el rechazo de los chilenos a que se estaticen sus ahorros previsionales o las consecuencias que tendrĆa el colapso de la salud privada. TambiĆ©n lo son los argumentos con los que hace ya una dĆ©cada incluso un Congreso con clara mayorĆa de izquierda rechazó facultades nuevas que hoy se insiste en dar al Servicio de Impuestos Internos.Ā
ĀæSerĆ” que el simple uso de la palabra āreformaā, con toda la vaguedad que tiene hacer una referencia a un cambio evitando mencionar el contenido del mismo, produce algĆŗn encanto difuso de esos que intentan capitalizar el descontento con elementos de la realidad actual impulsando un contenido que se prefiere mantener en segundo plano? āReforma de Pensionesā en vez de āEstatizar los ahorros de Pensionesā. āReforma Tributariaā en lugar de āAlza de Impuestosā. Tal vez porque hay demasiado recuerdo acumulado de alzas de impuestos en las Ćŗltimas dĆ©cadas, esta vez se ha recurrido a otra palabra de efecto sedante: āpactoā.
Pero la sustancia de lo que impulsan desde el Gobierno no tiene nada de sedante: imponen lĆmites y pisos de negociación, quieren avanzar en su agenda estatizante⦠y esperan que votos de derecha se lo hagan posible. Me parece que, con la misma claridad, la oposición estĆ” en condiciones de hacer lo mejor para el paĆs (y para su propia salud polĆtica), que es no sumarse a proyectos que agravarĆ”n en lugar de solucionar problemas.
Vamos por parte. En relación al sistema privado de salud, ante un fallo de la Corte Suprema que dejó en vilo la continuidad del mismo, el Gobierno envió un proyecto que se asegura de que, mĆ”s temprano que tarde, el sistema privado desaparezca definitivamente. Resulta obvio decirlo, pero cuando el objetivo polĆtico declarado de la izquierda radical es la estatización del sistema de salud, cuando las gravĆsimas consecuencias para la población que se derivarĆan de aquello estĆ”n ampliamente advertidas y el Gobierno insiste en un proyecto de ley que inevitablemente conduce a ese objetivo, no tiene sentido alguno que la oposición contribuya y se haga cómplice con sus votos de una hecatombe anunciada.Ā
En materia tributaria la reforma ya ingresada en el Congreso modifica de forma sustantiva, y en infinidad de detalles, la relación entre los contribuyentes y el Servicio de Impuestos Internos. Lo normal, el sentido comĆŗn, es que el que afirme que otro ha cometido una infracción lo tenga que demostrar, que asuma la carga de probar dicha infracción. La reforma propuesta radica ahora en el contribuyente el peso de la prueba, serĆ” Ć©ste el que deba demostrar su inocencia frente a una simple imputación por parte de la autoridad. Invertir la carga de la prueba y olvidarse de la presunción de inocencia resultan particularmente complejos tratĆ”ndose el SII de una institución cuya Dirección puede ser removida libremente por el Presidente de la RepĆŗblica. Es evidente que esa combinación de facultades y dependencia del poder polĆtico es, por decirlo suavemente, poco sana.
Se ha planteado que lo que se requiere para ello es modificar el actual gobierno corporativo del servicio, poniendo cortapisas a la remoción del Director por parte del Presidente y/o bien avanzar hacia un cuerpo colegiado que supervise el actuar del servicio. Si bien este tipo de reformas pudieran tener mĆ©rito en sĆ mismas, no resuelven el tema de fondo: la reforma propuesta es simplemente kafkiana para los contribuyentes. ĀæSe va a sumar la oposición a la aprobación de normas que debilitan la posición del contribuyente, lógica que fue rechazada en el pasado por un Congreso con mayorĆa de izquierda en ambas cĆ”maras?
Y si de pensiones se trata, todo indica que los lĆmites impuestos por el Gobierno a cualquier negociación estĆ”n dados por el objetivo de largo plazo de avanzar en la estatización de los ahorros previsionales y en el control polĆtico de la administración de dichos fondos. Y otras dos cosas son evidentes tambiĆ©n en este caso: la inmensa mayorĆa de los chilenos se opone a toda forma de āmanotazoā y el oficialismo no tiene votos propios para darlo. ĀæLo va a hacer posible la oposición?
Es comprensible la frustración de quienes, predispuestos a cumplir su rol opositor de forma constructiva, se ven enfrentados a una agenda ideologizada, rĆgida y con propuestas daƱinas para el paĆs. Pero asĆ como la gente vota por un gobierno, tambiĆ©n elige de manera democrĆ”tica una oposición. Es su hora.
Columna de Bettina Horts, Directora Ejecutiva, publicada en El Mercurio.-