Soy de aquellas personas que desde un principio no creyó necesaria una nueva Constitución. De hecho, sigo convencida de que una nueva no traerĆ” la solución a los principales problemas del paĆs. Probablemente, hoy sean muchos mĆ”s los que piensen lo mismo, pues se han ido sumando los desilusionados, que se han dado cuenta que llevamos cuatro aƱos sumidos en una discusión que no ve la luz, en medio de la mayor crisis de seguridad por la que atraviesa el paĆs, con una economĆa que no crece y con urgentes demandas sociales pendientes. Pero aun poniĆ©ndome en ambos lados, hoy pienso que existen buenas razones para votar A favor el 17-D.
Para aquellos mĆ”s escĆ©pticos, es importante que sepan que la Constitución que estaba en juego el 2020 es distinta a la de hoy. Para decirlo en simple: la Constitución vigente no es la "Constitución del 80". De hecho, al 2020 tampoco lo era, y no lo era por todas las reformas a la misma, aunque algunos reciĆ©n vengan a reconocerlo. Pero, ademĆ”s, la Constitución actual tampoco es "la de Lagos", pues tras las Ćŗltimas reformas de 2022, esta perdió aquello que le otorgaba estabilidad. La razón es que basta con reunir un quorum de 4/7 de los diputados y senadores en ejercicio (un 57% del Congreso) para modificar cualquiera de sus partes. Por otro lado, las leyes orgĆ”nicas constitucionales (LOC), que regulan materias tan relevantes como la autonomĆa del Banco Central y gran parte de las principales instituciones, que antes podĆan ser modificadas o derogadas con 4/7, hoy lo pueden hacer con la mayorĆa de los diputados y senadores en ejercicio. En razón de ello, muchos aspectos de nuestra institucionalidad pueden fĆ”cilmente ser modificados por mayorĆas circunstanciales.
La propuesta de nueva Constitución, en cambio, eleva el quorum de reforma a la Constitución a 3/5 (60% del Congreso), en sintonĆa con otros paĆses, a fin de darle una mayor estabilidad al texto constitucional y con ello al funcionamiento del paĆs. TambiĆ©n, dada la desaparición de las LOC, se trasladan a la Constitución algunas de sus normas, con la intención de resguardar elementos clave para nuestra institucionalidad. AsĆ ocurre con las normas relativas a los nombramientos y causales de remoción de los consejeros del Banco Central o la función de control de la probidad administrativa por parte de la ContralorĆa, por mencionar algunos ejemplos.
Para aquellos ya agotados, y precisamente para que la polĆtica pueda abocarse a las reales demandas ciudadanas, no resulta indiferente el voto de diciembre. Votar "En contra" podrĆa dejar abierto el proceso, con toda la incertidumbre que ello acarrea, mĆ”s aĆŗn por el bajo quorum de reforma de la Constitución vigente. Significa, ademĆ”s, mantener el sistema polĆtico que ha impedido avanzar en las reformas urgentes. Votar "A favor", en cambio, ofrece ventajas importantes: el texto propuesto conserva los elementos que han sido clave para la prosperidad de los Ćŗltimos aƱos, junto a un quorum mĆ”s alto de reforma; y se introducen cambios al sistema polĆtico que permitirĆan abocarse a las prioridades de las personas.
Columna de Pilar HazbĆŗn, Coordinadora de Asuntos JurĆdicos y Legislativos, publicada en La Tercera.-Ā