Natalia Piergentili, con gran costo personal, ha hecho un aporte a la polĆtica al usar la expresión āmonos peludosā para referirse a polĆticos oficialistas que, en estado de negación, reaccionan a la dura derrota electoral golpeĆ”ndose el pecho, reivindicando sus propuestas y extremando posiciones de izquierda, siendo que han perdido a manos de la derecha.
Y es que en lo que viene en la polĆtica chilena, en particular el proceso constitucional, seguirĆ” habiendo monos peludos y la izquierda tendrĆ” que cuidarse de ellos, como lo demuestra la cerrada negativa de sus expertos a incluir la posibilidad de elegir cobertura privada de salud ignorando lo que quiere la mayorĆa. La novedad es que ahora tambiĆ©n tendrĆ” que hacerlo la derecha. La tentación ancestral primate serĆ” intentar dejar afuera a los enemigos, exigiendo una Constitución que contente a la propia tribu.
Para evitar eso hay algunas cuestiones de sentido común. Lo primero es que esa Constitución tiene que tener como referente la actual, para unos y otros. Si no desmejora nuestra situación y nuestras creencias, y por otra parte en algunas cuestiones que nos importan representa un avance respecto a la que tenemos, de buena fe debiéramos aprobarla. Aunque no sea la que siempre soñamos.
Para que el mayor nĆŗmero de chilenos quede conforme, a veces en el Consejo habrĆ” que actuar por adición y otros por mantención. AsĆ, es legĆtimo pedir que se agreguen cuestiones ausentes y son muy apreciadas por algunos (derechos sociales); pero tambiĆ©n lo es pedir como contraparte que se garanticen cuestiones bĆ”sicas (libertad de elegir y provisión mixta en la administración de beneficios sociales). Derechos sociales con monopolio de provisión estatal son inaceptables y si no se respetan ciertos mĆnimos en la propuesta, el Consejo debe cambiarlos.
Inicialmente lo ideal es avanzar en cuestiones importantes, pero con menor carga ideológica, en temas menos discutidos, como descentralización, modernización del Estado (especialmente en materia de orden pĆŗblico), independencia de poderes del Estado (por ejemplo, efecto relativo de las sentencias ante el crecimiento de derechos sociales). AsĆ, se irĆa construyendo un proyecto apreciado por distintas partes que genere adhesión y revierta el hastĆo que hay con lo constitucional, arriesgando un rechazo. Luego, habrĆ” que desatar los nudos mĆ”s apretados, considerando que no se puede hacer perder a los que ganaron las elecciones, ni tampoco ensaƱarse con los que perdieron. El desapego a las instituciones en los Ćŗltimos diez aƱos aconseja aprovechar esta oportunidad, pues quizĆ”s no habrĆ” otra en el futuro próximo con un nuevo fracaso.
Aun asĆ, habrĆ” quienes rechazarĆ”n en la izquierda y en la derecha. Monos peludos habrĆ” siempre, pero ellos no son capaces de escribir una Constitución.
Columna de Luis LarraĆn, Presidente del Consejo, publicada en La Tercera.-Ā