Chile está viviendo una importante crisis habitacional. A las familias les cuesta cada vez más acceder a una vivienda propia, en un escenario en donde además se continúa incrementando su demanda. En esa línea, se presentan una serie de obstáculos que estarían impidiendo el desarrollo de más oferta habitacional.
Uno de ellos es que el precio de las viviendas habría aumentado más que su ingreso. Desde hace 10 años, el índice real de precio de la vivienda habría aumentado un 73%, mientras que el índice real de remuneraciones sólo lo ha hecho en un 13% en ese mismo período. Y durante el primer año de pandemia, en 2020, los permisos de edificación se redujeron a un 26%. Otro elemento adicional, sería el debilitamiento del mercado del crédito hipotecario. Esto ha influido en que las familias de clase media tarden más tiempo en reunir los ahorros previos para adquirir una casa y a un costo de endeudamiento mayor. Según un estudio de la CChC, el tiempo promedio que demora una familia para ahorrar para la casa propia es de 10 años, ubicándolo en la zona de inalcanzable.
Asimismo, se observa cómo las limitaciones de la planificación urbana han comprimido el desarrollo de la nueva oferta habitacional. Esto se complejiza aún más si se toma en cuenta el tiempo e incerteza que están presentando los permisos de edificación.
A su vez, se ha evidenciado una mayor demanda por vivienda y según el Plan de Emergencia Habitacional del MINVU, hay más de 600 mil familias que demandan una vivienda social. Esta mayor demanda proviene de distintos elementos, desde cambios en la estructura de las familias a que hay más hogares unipersonales; de hecho, actualmente casi un 20% de los hogares solo tienen una persona habitando en ella. Pese a ello, es importante señalar que los hogares son de menor tamaño que hace décadas, con solo tres integrantes por hogar. Otro factor relevante, es que se ha presentado un incremento importante de requerimientos habitacionales proveniente de una creciente población migrante. Se estima que, si en 2006 un 2% del total del déficit habitacional correspondía a familias extranjeras, en 2020 esa cifra alcanza un 20%.
A esta mayor demanda y menor oferta habitacional, se suman los últimos antecedentes dados a conocer por Techo-Chile, que dan cuenta que las familias viviendo en campamentos habrían aumentado un 39% desde su última medición en 2020-2021, siendo esta la mayor cifra desde el año 1996: 113.887 familias en 1.290 asentamientos precarios. Este catastro también da cuenta que un 35% de las familias que viven en campamentos son migrantes y un 75% de las familias declara que su llegada a los campamentos se debe al alto costo del arriendo.
Por esta razón, y con el fin de contribuir con propuestas concretas para superar la crisis habitacional que se ha gestado en nuestro país, así como también mejorar la calidad de vida de las personas que habitan en las ciudades, desde hace un año en Libertad y Desarrollo hemos trabajado en el libro “¿Cómo crecen las ciudades?: logros y desafíos en políticas públicas”. Con un grupo de académicos y expertos con destacadas trayectorias en materias urbanas y habitacionales reflexionamos con una mirada más amplia de lo que necesitan las ciudades.
No cabe duda de que cada vez cuesta más construir soluciones habitacionales, por lo que este libro de políticas públicas busca ser un aporte en la discusión de generar más viviendas para miles de familias chilenas, pero, sobre todo, hogares con buenos atributos urbanos que les permitan tener una mejor calidad de vida y un desarrollo integral.
Paulina Henoch, Coordinadora del Programa de Vivienda y Pobreza LyD, Columna publicada en El Líbero.-