El Presidente de la RepĆŗblica ha seƱalado recientemente que el plebiscito del próximo 4 de septiembre āno es ni debe ser un juicio al gobiernoā. Por mĆ”s que el Presidente intente disociar la valoración ciudadana de su rol al mando del Ejecutivo con la del plebiscito constitucional de salida, la historia reciente muestra que su rol no es independiente del proceso constitucional.
Enseguida, mĆŗltiples encuestas muestran que es la propia ciudadanĆa la que decodifica la esperanza/desesperanza depositada tanto en el proceso constituyente como en el gobierno del Presidente Boric, en planos similares. Existe una correlación evidente entre el nivel de aprobación al Presidente y la intención de voto del Apruebo y viceversa respecto de la opción Rechazo. Una parte importante del voto Rechazo no responde a los meros contenidos de la propuesta constitucional, sino que, a una fuerza impugnadora, hastiada de las constantes promesas de la clase polĆtica, que ve a la Convención como un experimento fallido, en el que no se ofrecieron respuestas a sus problemas mĆ”s angustiantes y concretos, y que muestra signos de desilusión similares hacia la administración frenteamplista liderada por el Presidente Boric.
Por Ćŗltimo, cabe seƱalar que convive en el propio Presidente una doble pulsión. Por un lado, su razón y probablemente sus asesores mĆ”s experimentados le sugieran que tome una debida distancia del proceso constitucional. Mal que mal, si un 62% de los chilenos rechaza su gestión, evidentemente que no se trata -al menos en este momento- del mejor embajador para la opción Apruebo, a lo que se agrega que, una derrota del Apruebo podrĆa leerse como una derrota inapelable para un gobierno, a menos de un aƱo de arribar a La Moneda, jibarizando su administración, de facto. Por otro lado, suĀ hybrisĀ (aquello que los griegos llamaban instinto desmesurado) lo mueve a apostar su disminuido capital polĆtico a disposición de su anhelo, que no es otro que el triunfo de la opción Apruebo. El mejor ejemplo de lo anterior es que de manera casi simultĆ”nea a su alocución en la ceremonia de entrega del texto constitucional donde explicitó que āeste proyecto de Constitución que no es ni debe ser un juicio al gobiernoā desde su cuenta personal de Twitter, el Presidente no ha escatimado en poner ālikeā o retuits a comentarios con un evidente tono āpro Aprueboā.
Por todas estas razones, el destino del Presidente, independiente de su voluntad, parece estar irremediablemente atado al del plebiscito constitucional. Como dirĆa La Fontaine: āA menudo encontramos nuestro destino por los caminos que tomamos para evitarloā.
Columna de Jorge RamĆrez publicada en Voces de La Tercera.-Ā