El proceso, el borrador, la realidad

Si bien muchos han denunciado las graves falencias del borrador de nueva Constitución, notamos que la principal denuncia proviene nada más y nada menos que de la realidad.

La realidad, por ejemplo, de quienes viven en la macrozona sur enfrentados al terrorismo día a día. Si bien hoy cuentan con una presencia —acotada— de efectivos militares amparados en el estado de emergencia, dicha protección ya no sería posible bajo el esquema que nos propone la Convención, en que dicho Estado de Excepción desaparece, privando con ello al Ejecutivo de un instrumento que ha demostrado ser necesario.

La realidad, también, de quienes ven sus predios tomados por comuneros indígenas que reivindican dichas tierras, sin que el Estado pueda hacer efectivo su desalojo. ¿Qué ocurriría, de aprobarse la propuesta constitucional, con un Estado obligado a 'reconocer, promover y garantizar las Autonomías Territoriales Indígenas' y con un derecho de propiedad indígena que goza de 'especial protección'?

El proceso constituyente prometía resolver —o al menos contribuir a resolver— nuestra crisis política y de convivencia, pero también de violencia e inseguridad pública. Sin embargo, la lamentable realidad del país —especialmente en la macrozona sur, pero también en nuestra capital— nos demuestra que ni el proceso ni la propuesta constitucional han estado a la altura de dichas promesas.

 

Carta de Pedro Varela, Abogado del Programa Legislativo, publicada en El Mercurio.-