PRESIDENTE Y CONVENCIÓN: ¿DOS CARAS DE LA MONEDA?

El Gobierno entrante y la Convención son caras de la misma Moneda. No debieran serlo. Debieran tener objetivos y horizontes diversos, pero no los tienen. El proyecto constitucional es servil al ideario del Frente Amplio y Partido Comunista. Sin perjuicio que la Convención ha llevado la transformación que el Presidente prometió hacia una refundación, creo que ello no alcanza a incomodar al Presidente que, al momento de asumir su cargo, promete ante “los pueblos de Chile”. Si llegare a incomodarlo no será porque no comparta los nuevos cimientos que se propondrán “a los pueblos”, sino porque la refundación arriesgaría ser ratificada en el plebiscito. A su vez, lo que haga el aparato estatal estos meses será determinante para el proyecto refundacional (perdón, constitucional).

En principio, el gobierno debe ser prescindente sin perjuicio de brindarle apoyo técnico, administrativo y financiero a la Convención. Pero es indudable que la nueva administración no solo tiene un origen común con la Convención (la revuelta violenta de 2019), sino un propósito compartido, parte del cual se ejecutará a través del programa de gobierno y parte a través de la nueva Constitución. Me temo que la prescindencia será absoluta cuando haya un juicio de valor crítico a los contenidos constitucionales y muy relativa cada vez que éstos sirvan al objetivo refundacional.

Ya lo dijo el novel, pero hábil ministro Jackson “Si se rechaza la Constitución, el nuevo gobierno puede quedar sin herramientas para ejecutar su programa”. Ante la perplejidad que el proyecto refundacional va generando, el Ministro saca a relucir el gancho: los derechos sociales que, coincidentemente, comienzan a discutirse por estos días. Apuesta así a que la ciudadanía pondrá estos derechos por sobre cualquier duda respecto a cómo la Convención traza sus demás derechos y libertades y el diseño institucional que los hacen posibles (o imposibles). Ante esta arremetida, conviene recordar que la promesa de más y mejores derechos sociales nunca dependió de la Constitución y que será imposible de cumplir en el país que dibuja la Convención, donde asoman afanes expropiatorios y la libertad de emprender y el orden fiscal se ven amenazados por empresas públicas regionales con pocas limitaciones ¿Valdrá la pena caminar hacia una institucionalidad identitaria, separatista y con sistemas de justicia sin independencia por una promesa que no será cumplida?

El César debe serlo y parecerlo, pero el Ministro Jackson no es el César, de ahí que quizás se permita estas intromisiones que ayudan a la causa ¿Cuánto ayudan a los ciudadanos? Un Congreso Unicameral (porque bicameral no es) lleno de movimientos políticos y escaños reservados y sin contrapesos; un régimen de gobierno en que se respira un incipiente parlamentarismo; un poder judicial débil y con nuestras libertades endebles, puede permitirle al César, o al aspirante a serlo, perpetuarse en el poder por años. De ahí que este cambio de mando, relevante en sí mismo por el giro generacional y político que implica, pasa a segundo plano al lado de lo que se forja en la Convención.

Columna de Natalia González, Directora de Asuntos Jurídicos y Legislativos de LyD, en El Mercurio.-