La segunda vuelta de Izkia

La ministra del Interior y Seguridad Pública, Izkia Siches, se estrenó en el cargo con su frustrada visita a La Araucanía, donde intentó ingresar a la comunidad de Temucuicui siendo recibida a balazos lo que la obligó a suspender la actividad. Pese a ello y fiel a su estilo desafiante, declaró que este traspié no alteraba sus planes y la decisión de “responder a las demandas de presos políticos mapuche”. Un agravio gratuito al Poder Judicial, si pensamos que quienes fueron calificados de esa manera por la ministra son personas que cumplen penas por delitos graves que fueron juzgados por un poder independiente. Una pésima señal también para quienes utilizan la violencia, pues si la autoridad encargada de la seguridad pública los califica de esa manera, se sienten con patente de corso para seguir actuando violentamente, ya que adquieren ante los ojos de muchos la condición de víctimas y no de victimarios.

Con posterioridad a ello, el viernes de la semana pasada en incidentes ocurridos en la Plaza Baquedano, mientras el gobierno se reunía en un cónclave en el palacio del Cerro Castillo en Viña del Mar, una persona resultó herida a bala por un disparo que habría sido realizado por un carabinero. El gobierno se apresuró a condenar el hecho, calificando de “gravísima” la actuación de Carabineros. El Presidente Boric ordenó a la ministra de Salud y al ministro de Educación abandonar Cerro Castillo para visitar al “estudiante” que había sido herido. La ministra de Bienes Nacionales, Javiera Toro, en una confusión de su rol pues su cartera tiene que ver con los bienes públicos, no con los funcionarios públicos, declaró que “…además de las responsabilidades individuales, refundar Carabineros es prioridad de nuestro gobierno”. Antecedentes posteriores señalan que el carabinero, Leonardo Quezada, habría actuado en defensa propia cuando estaba en el suelo atacado por una turba y la bala que disparó para salvar su vida habría rebotado y dañado a un repartidor de comida que se encontraba en el lugar.

Por todas estas declaraciones gubernamentales ha sorprendido que el día martes, en la víspera de la “celebración” del día del joven combatiente en que delincuentes salen a las calles de distintas ciudades armados para dañar a personas y bienes públicos y privados, la ministra Siches visitara al carabinero Leonardo Quezada y declarara que “no vamos a tolerar ataques violentos, ya sea el intento de quemar un local comercial, o, más grave, la golpiza a nuestros funcionarios de Carabineros. Estaremos apoyándolos y acompañándolos en cada una de estas acciones”.

Luego de una semana cargada de actos violentos y en víspera de otros por venir, la ministra parece haber oído las voces que le decían que ella no era una política que podía limitarse a comentar los hechos relacionados con la seguridad pública, sino la autoridad encargada de ésta; y debía por tanto dar señales que contribuyeran a disminuir la violencia y no a aumentarla. Este giro de la ministra, más allá de cuestiones estéticas, es positivo, siempre que cumpla una condición.

Y esa condición es que sea un cambio permanente. Ello pues indudablemente si la ministra vuelve a su actitud anterior de ponerse del lado de quienes se manifiestan violentamente o derechamente salen a delinquir, y en contra de quienes deben resguardar el orden público, la señal de respaldo a Carabineros perderá toda credibilidad.

Desgraciadamente para la ministra Izkia Siches, aquí no cabe una estrategia de segunda vuelta como la que utilizó su jefe el presidente Boric para ganar la elección presidencial y que consistió en moderar su discurso para transformarse de líder revolucionario a estadista socialdemócrata. Esto porque aquí habrá terceras y cuartas y quintas vueltas. En rigor, una cada viernes al menos por ahora, donde violentistas desafiarán el orden público y provocarán un gran daño político al gobierno que perderá el favor de una ciudadanía cansada de violencia, desorden y caos.

 

Columna de Luis Larraín, Presidente del Consejo, publicada en El Líbero.-