La economía de Boric

La economía mundial tuvo un buen 2021, con un crecimiento estimado de 5,9% marcado por la evolución del Covid 19, que pasaría a ser desde este año una endemia en lugar de una pandemia. Ello requiere un tratamiento de salud pública distinto, compatible con una economía que siga expandiéndose, aunque sigue la alerta por los altos contagios de la variante Ómicron, que afortunadamente es menos grave que sus antecesoras.

La cuestión clave en la economía mundial, además del Covid, será cuan agresivo es el ajuste monetario en los principales mercados. Las señales del FED, el BCE y las autoridades chinas apuntan a alzas en las tasas de interés. La inflación del 5% en la zona euro, es la mayor desde su creación. El crecimiento de la economía mundial debiera ser inferior al de 2021.

Chile no escapa a este panorama general. La inflación anual de 7,2 % es la mayor en catorce años y se espera una nueva alza de la TPM del Banco Central de entre 100 y 125 puntos base en su reunión de enero. La cordial reunión del presidente electo Gabriel Boric con el presidente del Banco Central Mario Marcel da señales positivas, en el sentido que se entiende en el Ejecutivo que el instituto emisor debe honrar su misión de estabilidad monetaria. Ello implica por consiguiente una brusca baja en el nivel de actividad y Chile tendría que pasar de un año creciendo al 12% a uno en que la actividad podría expandirse un 1%. El presupuesto aprobado por el Congreso, por su parte, impone un ajuste del gasto fiscal del orden de 20% respecto al presupuestado para 2021.

Los imperativos del equilibrio macroeconómico chocan entonces con las expectativas de la mayoría de la población nacional. Lo que se impuso en la última elección presidencial es la tesis que mejorar la calidad de vida de los chilenos en forma generalizada es una cuestión de voluntad de cambio. La última encuesta CADEM dice que el 60% espera un buen año para la economía el 2022. Pero esa mejoría no llegará, no solamente por las razones que dábamos más arriba que afectan al mundo y a Chile, sino por otros motivos que son particulares de nuestro país.

El mayor esfuerzo para crecer deberá provenir del sector privado y éste enfrenta una alta incertidumbre. Ello por el desconocimiento de las reglas del juego que regirán en el futuro la propiedad, que como cualquiera entiende, determinarán críticamente cuánto se invertirá el año 2022 y los que siguen. Hay una cuestión en particular que es clave y esta es qué sucederá con nuestro mercado financiero. Se sabe que en Latinoamérica hay sólo dos países que tienen un mercado financiero capaz de proveer financiamiento local relevante a la inversión: Chile y Brasil. La imprecisa formulación del programa de Gabriel Boric para el sistema de pensiones, especialmente del destino y el rol del ahorro previsional privado, impactará fuertemente la disponibilidad de fondos para créditos hipotecarios y el financiamiento no bancario a las empresas, que ya está complicado con los efectos que provocará el alza en las tasas de interés. Cientos de miles de jóvenes familias nuevas sin crédito para la vivienda y miles de empresas sin poder financiar proyectos de inversión no es un panorama ideal para quien se estrena en el gobierno con la promesa de satisfacer grandes expectativas en la población. El margen de maniobra de Gabriel Boric es entonces escaso. Ni Piketty ni Mazucatto, desde la comodidad de sus vidas en París o Londres tienen ideas que puedan ayudar al novel Presidente que tendrá Chile.

 

Columna de Luis Larraín, Presidente del Consejo, publicada en el Diario Financiero.-