LA CONVENCIÓN Y LA “ACCIÓN COMUNICATIVA”

Con la mesa directiva no estábamos preparados para el tipo de acción comunicativa que se iba a dirigir en contra nuestra. El problema no está en la crítica política que se dirige a la Mesa directiva, el problema está en las noticias falsas y mentiras que se han levantado, a veces desde los mismos convencionales”, dijo Jaime Bassa en una entrevista durante la mañana del día que debía dejar la Mesa.

Ese mismo día, en la noche, y tras la fallida jornada de votaciones para elegir al nuevo presidente(a) de la Convención, el mismo Bassa decía: “Nunca habíamos visto a distintos colectivos dialogando conversando y construyendo acuerdos, públicamente, al aire libre, en el patio, rodeado de periodistas, de cámaras, porque es un ejercicio deliberativo diferente, es una forma de construir acuerdos muy distinta a la cocina o entre cuatro paredes y es como se construyen, por ejemplo, en los gobiernos, en los regímenes parlamentarios” (….) “Eso permite construir una mayoría y no simplemente forzarla a través de un cálculo aritmético de votos; lo que estamos viendo acá, con todo este despliegue de personas conversando y dialogando, es parte de ese proceso, como desde el dialogo deliberativo se va construyendo un acuerdo que permite darle estabilidad a la Mesa.” Días después reforzaría el punto diciendo que se trata de “una forma de democracia real que el Chile del siglo XX no conoce. No me extraña la sorpresa de académicos tan dignos como A. Squella porque son las nuevas generaciones las que están empujando esta forma de deliberación”.

Bueno, el incordio es evidente. En la declaración de la mañana Bassa nos dice que no ha lugar a las mentiras ni a las noticias falsas. En la noche, sin autocrítica alguna, dice que la fallida jornada de votaciones fue prácticamente una fiesta de la democracia; cuasi un ágora de deliberación y diálogo, joven y novedoso. Los demás no lo entendemos por viejos o “cocineros”.

¿Miente Bassa? ¿O hace gestión comunicacional y política? ¿Quién calificaría la mentira y la noticia falsa y la distinguiría de la crítica política? ¿La Mesa nueva, la Convención? ¿Y la libertad de expresión? ¿Si disiento de Bassa, respecto a su apreciación de la jornada de votaciones, miento porque la verdad oficial la pone la Convención, o ejerzo una crítica política y me salvo del yugo cancelador? ¿Tiene que haber una verdad oficial de este proceso y otra calificada de acción comunicativa?

El problema es que relato oficial del establishment de la Convención es que a ésta se le cuida (incluso más allá de cómo actúe o del contenido razonable o no de lo que proponga y resuelva). Los ciudadanos tendríamos un deber de cuidado hacia un órgano de poder, que nos impide cuestionarlo o someterlo a escrutinio a menos que la crítica sea política calificado aquello por algún baluarte de la superioridad moral. No me parece. En una sociedad libre, lo que interesa y verdaderamente resguarda nuestros derechos es el imperio de la ley y el respeto por el Estado de derecho, pero ese respeto no excluye la crítica correcta ni el escrutinio público, ni debe excluirlo. La bendita libertad de expresión, con sus deberes y responsabilidades, no debe quedar supeditada a un deber de cuidado de un órgano, menos uno de tamaño poder.

Al final del día, esto de cuidar a la Convención tiene harto que ver con el relato con el que se ha posicionado esta nueva izquierda, ese de la conspiración y las víctimas de la conspiración. Usted debe estar de un lado de la vereda y, por cierto, del lado correcto. Dicen abrazar la diversidad y valorar los consensos, pero cada vez es más patente que se refieren a la diversidad y a los consensos que puedan alcanzarse en lo que a su juicio exclusivo es el lado correcto del río. Como hay al menos 103 constituyentes en ese lado, o que al menos no quieren ser vistos con los del frente, los consensos para la propuesta de nueva Constitución se darán, con énfasis y matices más o menos, pero siempre a un lado del río, “el correcto”. Al resto, que se lo lleve la corriente, pero con un relato donde eso no sea tan evidente.

Como ahora justamente entramos a la etapa de la discusión de los contenidos, no solo importará disputar el relato, sino también las propuestas de normas y explicar sus consecuencias. No es aceptable que por entrar en esa disputa se tenga a unos por mentirosos y a otros por virtuosos. La Convención debe abocarse a generar una propuesta de nueva Constitución con un diseño institucional razonable donde puedan convivir los de todas las veredas. Para todo lo demás, teorías conspirativas, héroes, villanos y victimas, tenemos Netflix, Amazon, Disney, televisión por cable y matinales.

Columna de Natalia González, Directora de Asuntos Jurídicos y Legislativos, publicada en El Mercurio.-