¿LOS DICHOS O LOS HECHOS?

Mañana los chilenos tendrán que decidir, en la soledad de la urna, si entregan su voto a Gabriel Boric o a José Antonio Kast. Culminadas campañas, intensas y duras por momentos, se respira una atmósfera de tensión. Ello pese a que el último debate fue menos enconado, en parte porque los candidatos moderaron sus posiciones.

En ese afán, Boric experimentó “una mutación desde el neo populismo y el neo marxismo a la socialdemocracia”, en palabras del historiador Joaquín Fermandois. Cambió su discurso respecto a la delincuencia y el tono con que se refiere a Carabineros; se desdijo de apoyos y homenajes a quienes han usado la violencia en política; relativizó, hasta hacerlas inentendibles, sus propuestas estatistas en materia de salud y de previsión; hizo un elogio a las políticas de los últimos treinta años, que el Frente Amplio había transformado en el símbolo de lo que había que desechar luego del 18 de octubre. Intuye que el electorado no le dará el voto a quien pretenda, por razones ideológicas, restarle opciones para aspirar a una mejor calidad de vida.

La cara de Boric en esta campaña de segunda vuelta ha sido más amable, pese a algunas regresiones autoritarias como su amenaza a un periodista que lo incomodó luego del debate de Anatel. La duda que queda en la mente de muchos es si esta mutación es creíble, o es un ardid para captar votos más moderados. En la credibilidad del candidato radica buena parte de su posibilidad de transformarse en el próximo presidente. ¿Creerán los chilenos su discurso moderado de hoy o se acordarán de la arrogancia y la actitud desafiante de hace apenas un mes cuando asolaban las calles? ¿Los equipos que han acompañado a Boric todos estos años, renunciarán a su misión refundacional y dejarán de lado su desprecio a lo que ha construido Chile reemplazándolo por ideas insensatas como el decrecimiento? ¿Por qué habrían de funcionar aquí en Chile, llevadas a cabo por equipos de escasa experiencia práctica, ideas que han fracasado en todo el mundo?

La moderación de Kast ha tenido un carácter distinto. Admite que ve de otra manera cuestiones relacionadas con la identidad sexual y que no se referiría hoy en los mismos términos que lo hacía hace algunos años a personas del mundo de la diversidad. Ha sido cuestionado por organizaciones feministas por algunas de sus posiciones y se ha mostrado dispuesto a revisarlas. Donde ha avanzado menos, es en crear la convicción que varios de los problemas actuales se atacarían con más decisión en un gobierno dirigido por él. Nadie duda que la democracia representativa continúa en Chile si gana Kast. La sombra del Partido Comunista y sus propios aliados del Frente Amplio sobre Boric hacen que no podamos decir lo mismo de él. Sería grave contribuir a ello con el voto y parece que así lo han pensado algunos.

 

Columna de Luis Larraín, Presidente del Consejo, publicada en La Tercera.-