Oficios que nacen, oficios que desaparecen

En la época de la revolución industrial existía el oficio de despertar a los trabajadores: personas que cada mañana golpeaban las puertas de las casas para despertar a las familias. Ese oficio desapareció a partir de 1920 con la invención del reloj-despertador. De igual manera, hasta 1940 existían los repartidores de hielo, quienes fueron reemplazados por los refrigeradores, mientras que las telefonistas para llamadas internacionales desaparecieron en 1980.

En la actualidad, la pandemia aceleró este proceso y la extinción del oficio de cajero, vendedor de tienda y agente turístico está ocurriendo mucho más rápido de lo imaginado. De hecho, podemos ver en la actualidad al sindicato de Walmart enfrascado en una batalla contra su empleador, siendo que en realidad fue el avance tecnológico el que generó la extinción de ciertos oficios y la necesidad de que los trabajadores sean polivalentes.

Este proceso de reconversión debería ser impulsado por el gobierno, sentando en la mesa a sindicatos, gremios y al Sence, para lograr una transición ordenada hacia nuevos oficios, como los de logística, que están creciendo exponencialmente con el comercio electrónico. Un intento en la dirección correcta fue el acercamiento que realizó el distinguido ex presidente de la CNC, don Manuel Melero. De hecho, en la actualidad el comercio vende más que antes de la pandemia y lo hace con 200 mil trabajadores menos, por cual es un proceso que es necesario conducir y no ser un espectador.

De no realizarse esta transición adecuadamente, surge la frustración de los involucrados, tal como ocurrió con el cierre de los yacimientos de carbón durante los noventa debido a la pérdida de competitividad. Esos trabajadores recibieron capacitación como peluqueros o soldadores, pero pocos de ellos lograron ganarse la vida de esa nueva manera. Se sienten engañados por el Estado, que les cerró su fuente de trabajo y los dejó abandonados.

De hecho, durante la primera revolución industrial en Inglaterra nació un movimiento de protestas que se extendió entre los años 1811 y 1816, originado por la automatización y el desarrollo de la maquinaria para la industria textil. Los artesanos ingleses, ante la posibilidad de ser sustituidos por dichas innovaciones, rechazaban el uso de las máquinas; sobre todo querían proteger a los trabajadores menos cualificados. En estas protestas rompieron telares e incendiaron fábricas.

Aunque aún existe una brecha sustancial de empleo que debemos cerrar para lograr a lo menos llegar al total de ocupados prepandemia, se generaron grupos de trabajadores que, producto de la aceleración del cambio tecnológico, perderán su empleo debido a que serán reemplazados por una máquina. No es la primera, ni la última vez que ello ocurre, sin embargo, ahora podemos ayudar a que la transición sea más rápida y menos dolorosa.

Columna de Tomás Flores, Economista Senior, publicada en El Líbero.-