Las intervenciones de los parlamentarios que apoyan el cuarto retiro de los fondos de pensiones y los sentidos discursos y cantos de muchos convencionales estas semanas, bien podrĂan calificarse de negacionistas, pero de la dura e inevitable realidad. Como los grupos terraplanistas, en cuya esencia estĂĄ la negaciĂłn de la ciencia, sostienen creencias tentadoras, no por la robustez de sus fundamentos, sino por sus profundas raĂces emocionales.
En los discursos en la ConvenciĂłn predomina la idea de superar el âmodeloâ y el âneoliberalismoâ. El norte no es avanzar sobre lo construido, sino refundar. HabrĂĄ entonces una era âneoliberalâ, antes de la ConvenciĂłn (âACâ), caracterizada por polĂticos que entendĂan que su rol lo era en de la medida de lo posible, y una era que se inicia con la ConvenciĂłn (âDCâ) en la que lo que interesa es dar rienda suelta a los sueĂąos, cueste lo que cueste. AĂşn con todas sus imperfecciones y espacios de mejora, la era AC fue una de notable estabilidad institucional y de gran progreso econĂłmico en que se dieron pasos firmes para avanzar en movilidad social, como reconoce la OCDE, y se redujo la pobreza llegando a niveles cercanos al 8% antes de la violencia y la pandemia (posiblemente, el avance y objetivo mĂĄs noble y justo que debe orientar a una sociedad y sus instituciones). Sin embargo, la ConvenciĂłn desprecia la era AC. En la era DC, lo relevante son los sueĂąos. La Mesa Directiva, en un documento en que sugiere actividades a realizar en las semanas territoriales, incluye, entre otras, un dĂa de los âSueĂąos Constituyentesâ. Se trata de una actividad simbĂłlica en que cada constituyente entrega tarjetas a las personas en los territorios para que ellas puedan escribir sobre lo que sueĂąan para la nueva ConstituciĂłn.
Entre los mĂşltiples sueĂąos, nos merecemos derechos sociales, muchos, gratuitos y de calidad y entregados predominantemente por el Estado. Los derechos sociales no serĂan metas u objetivos que alcanzar âen la medida de lo posibleâ, como ciertas constituciones europeas lo plantean, sino garantĂas exigibles directamente al Estado. En la era DC, como dijo una precandidata, la polĂtica de lo posible no da para mĂĄs.
Pero los negacionistas convencionistas soslayan que Chile es un paĂs mucho mĂĄs pobre que el que era antes de la violencia -que avalan- y la pandemia. En la menospreciada era AC, Chile tenĂa ahorrado en el FEES, al tercer trimestre de 2019, algo mĂĄs de US$14.000 millones. A agosto de 2021 quedan menos de US$3.000 millones. A septiembre de 2019, el paĂs tenĂa una deuda pĂşblica bruta de 27,7% del PIB y era valorado por la seriedad en el cumplimiento de sus compromisos. Al tercer trimestre de 2021, la deuda bruta es de 33,1% y a fin de aĂąo llegarĂĄ a 34,9%, mientras que el riesgo paĂs ha aumentado y sus causas no parecen relacionarse al COVID-19 pues el crecimiento acelerado de la variable ha tenido lugar este aĂąo y especialmente el Ăşltimo mes. Tenemos hoy un importante dĂŠficit fiscal. Para palearlo, en la era DC no solo deben continuar los esfuerzos para racionalizar el gasto pĂşblico, sino que poner todas las fichas para retomar una senda de crecimiento econĂłmico que genere mĂĄs prosperidad e ingresos fiscales para, entre otros, solventar los sueĂąos de la ConvenciĂłn (y la tarea es dura: el IPOM de septiembre proyecta un crecimiento para 2022 en torno a un escueto 2%). Pero varios de los supuestos para que ello ocurra son âmuy neoliberalesâ para ser compartidos en la era DC.
Y mientras tanto, en el SalĂłn de las Leyes la corriente negacionista terraplanista tambiĂŠn hace de las suyas. Quieren pensiones dignas, pero las descreman a punta de retiros. Dicen respetar al Banco Central, pero critican su visiĂłn "catastrofista". Un senador de izquierda dijo ânos quejamos por una inflaciĂłn del 5%. Y en cada retiro, todos los economistas, de todos los colores, nos dijeron, mire, esto va a ser un desastreâ ÂżY no lo ha sido? ÂżPensarĂĄ lo mismo una familia que hace dos aĂąos, por un crĂŠdito de 3.000 UF, accedĂa a una tasa promedio de UF mĂĄs 3,3%, en circunstancias que hoy es de UF mĂĄs 6,1%? Otro senador dijo que la comisiĂłn debĂa analizar el proyecto desde una perspectiva polĂtica y no econĂłmica, como mandatarios de la voluntad popular. Bueno, es que en la era DC la polĂtica de lo posible no da para mĂĄs. En esta nueva era, la vida es sueĂąo. Pero la ironĂa es que en la era de los sueĂąos, lo que parece agotarse son los sueĂąos de la casa propia, de mejores pensiones y de diversidad de oferta y libertad de elecciĂłn para la provisiĂłn de bienes pĂşblicos como educaciĂłn y salud. Y yo creĂa que esos eran los sueĂąos de los chilenos; la terraplanista debo ser yo.
Columna de Natalia GonzĂĄlez, Directora de Asuntos JurĂdicos y Legislativos LyD, publicada en El Mercurio.-Â