SIGNIFICADO DEL 18 DE OCTUBRE

Los hechos no favorecen a las teorías marxistas, una y otra vez las desmienten. Pero Gramsci, la Escuela de Frankfurt y otras expresiones postmarxistas descubrieron la importancia del lenguaje para resignificar los hechos y presentarse así con una mejor cara frente al mundo.

Por eso el 18 de octubre de 2019, con la complicidad de parte de la prensa, quienes asaltaron Chile se apresuraron a instalar rápidamente que la brutal violencia que asoló al país ese día, incendió 25 estaciones del Metro, atacó 44 cuarteles policiales y dejó miles de carabineros heridos, había sido un “estallido social”. Sergio Muñoz en su reciente libro “Estado de Alerta” ha señalado que a partir del 18-0 hay medios de comunicación que han realizado una verdadera intoxicación informativa, que insiste en explicar la destrucción de nuestras ciudades como manifestación espontánea del pueblo.

Ascanio Cavallo, por su parte, ha dicho que el lunes pasado se confirmó que el 18-O sólo puede ser celebrado por la destrucción. Guste o no guste, señala, esa era su ética y su estética. El odio destructivo no se aplaca, sólo se consume; por lo que las soluciones condescendientes (como las de Boric y Provoste, agrego yo) la estimulan.

Pero Fernando Atria, uno de los ideólogos del “estallido social” piensa otra cosa. Sus dichos sugieren que hay una violencia buena y otra mala, como el colesterol. Así, “la violencia de 2019 la podemos ver como algo que abrió la puerta a una oportunidad que hoy todos celebramos” señaló. “Y por eso los hechos constitutivos de delitos que se realizaron el 2019 tenemos que mirarlos de un modo distinto y por eso creo que se justifica una decisión de indulto general o amnistía.” Esto no vale para lo que ocurrió esta semana”, Atria dixit, constituyéndose en el juez que discierne entre violencia buena y violencia mala.

La saturación de la inmensa mayoría de los chilenos con la violencia destructiva que, ahora lo ven, afecta a todos sin distinción, está actuando políticamente contra la izquierda y a favor del sentido común, que exige terminar con la impunidad, justo lo contrario a indultar a los violentistas como siguen sosteniendo algunos.

La impudicia de Atria, ajena al sentimiento de la mayoría de los chilenos que no están de acuerdo con que un señor cualquiera dictamine quién y cuándo puede ejercer la violencia sin castigo, va despojando de los ropajes de “estallido social”, con los que se pretendió resignificarlo, al asalto a Chile que ocurrió el 18 de octubre de 2019. Cristián Warnken ha criticado el rol de algunos intelectuales que han validado la violencia, apelando a al filósofo Jorge Millas, quien afirmó en “Las Máscaras de la violencia” que la única fuerza legítima es la que aplica el Estado, actuando dentro de sus atribuciones. Chile necesita más Millas y menos Atrias.

 

Columna de Luis Larraín, Presidente del Consejo, publicada en La Tercera.-