PARA ENTENDER A LA CONVENCIÓN

En la votación en general sobre el reglamento que debe regirla, el Pleno de la Convención Constitucional determinó que todas las normas del Reglamento, incluidas las normas sobre votación, serán aprobadas por mayoría simple. Pero la Constitución dispone, en su artículo 133, que la Convención deberá aprobar las normas y el reglamento de votación de las mismas por un quórum de dos tercios de sus miembros en ejercicio.

Puede decirse entonces que la Convención alteró las normas de quórum que establece la Constitución y así lo informaron los medios de comunicación serios, como El Líbero. Sin embargo, otros medios informaron que la Convención, por amplia mayoría, había aprobado que la regla de dos tercios rigiera para la aprobación de las normas de la Constitución.

La ciudadanía tiene entonces derecho a estar confundida pues ambas versiones son contradictorias. ¿Cómo se explica esto, qué juego está detrás de lo que ocurrió en la Convención? Es necesario explicarlo porque pareciera que como lo demostró Rojas Vade en la Convención nada es como parece; la impostura es más bien la regla.

A mi juicio, hay dos conclusiones fundamentales sobre la Convención luego de lo ocurrido el martes: Una, que la mayoría de los convencionales ratifica que no está dispuesta a acatar las normas que la Constitución les manda respetar, sino proclaman su soberanía para fijarlas. Dos, que este proceso se adaptará a las necesidades políticas de la izquierda, utilizando para ello resquicios que le den apariencia de legalidad y contando para ello con la complicidad de medios de comunicación afines que desinforman sobre el proceso.

En efecto, pese a que la letra de la Constitución es clara en cuanto a que las normas de votación debían aprobarse por dos tercios, el pleno de la Convención utilizó un resquicio, o falsedad, al declarar que el Reglamento no era un reglamento sobre normas de votación (aunque sí las contenía) por lo cual debía aprobarse por mayoría simple. Se rechazaron así las indicaciones de convencionales de centro derecha que pretendían que las normas de votación se aprobaran por dos tercios. 

Pero tras esto hay también un trasfondo político. ¿Cuál era la necesidad política de esta maniobra para la izquierda? Conciliar las posiciones distintas que había en la Convención sobre la norma de dos tercios. La dirigencia del Frente Amplio, socialistas, la mayoría de los no neutrales y ex Concertación concordaban con la derecha en la norma de dos tercios, porque le daba más legitimidad a la Constitución. El Partido Comunista y la Lista del Pueblo, o lo que queda de ella, no estaban de acuerdo. ¿Por qué entonces no se votó simplemente por incluir en el reglamento la regla de dos tercios donde correspondía? Porque el Frente Amplio no fue capaz de disciplinar a sus filas y varios de ellos se unirían a los comunistas, logrando el tercio que requerían para bloquear la norma, propinándole de paso una visible derrota a Gabriel Boric, que mostraría así una vez más su falta de liderazgo. Frente a esa perspectiva, prefirieron ceder ante los comunistas con esta charada, con el argumento adicional que en la votación en particular de las normas, la próxima semana podían insistir en los dos tercios para las normas constitucionales. Para un observador agudo ello no oculta que en esta pasada los comunistas se impusieron a Boric, al demostrarle la fuerza que tienen entre las propias filas del Frente Amplio. Esa es la conclusión política de lo que ocurrió.

Jaime Bassa, que las oficia de regente de la Convención, señaló al término de la sesión que “Todo el trabajo de las comisiones que levantaron propuestas reglamentarias hoy día ha sido ratificado por el pleno de la Convención Constitucional con mayorías abrumadoras. Esto reivindica el poder que tiene la constituyente para organizarse a sí misma, para darse sus propias reglas”. La estrategia que hay tras estas declaraciones es ceñirse a los dos tercios, pero porque “ellos lo quisieron, porque se generó en el pleno” y no porque “venga impuesto por la Constitución”, y de esta forma quedar bien frente a un sector de su electorado y pactar una tregua con la izquierda más radicalizada dentro de la Convención, como el Partido Comunista y Pueblo Constituyente (ex Lista del Pueblo)

La tregua dura una semana. El próximo martes se empieza a discutir en particular el reglamento y allí aplicaría lo que declaró Fernando Atria: “Debemos dejar de pensar con la lógica de la Constitución tramposa y ponernos en plan de pasar del momento destituyente del 18 octubre al momento constituyente que tenemos por delante. Ese es el desafío”.

Liderando el otro grupo de la izquierda el convencional comunista Marcos Barraza declaró: “Lo que está en discusión hoy es si en esta Convención radica el poder soberano mandatado por el pueblo o este poder limitado por las élites y los privilegiados y privilegiadas que también forman parte de esta Convención Constituyente” Y agregó después: “Esperaría que el Frente Amplio, Partido Socialista e Independientes no Neutrales, en la votación de la próxima semana, concurriera con otras fuerzas democráticas, como es Chile Digno, a apoyar un quórum más bajo que el de dos tercios″.

Veremos quien gana este gallito. El Frente Amplio salvó la cara, pero su estrategia puede ser vencida por la presión que haga sobre ellos el Partido Comunista de acá al martes para dejar todo con quórum simple, o al menos distinto a los dos tercios.

De paso, la Constitución ha sido dañada en al menos dos aspectos: el primero es el de los plebiscitos dirimentes, en que por mayoría simple se estaría llamando a votación popular para dirimir cuestiones que no alcanzaron la mayoría de dos tercios, lo que contradice abiertamente la Constitución. El segundo, es el uso de la consulta indígena con carácter vinculante, lo que no sólo es contrario a la Constitución sino a los tratados internacionales firmados por Chile. Ambas materias, así como la posible alteración del quórum de dos tercios para aprobar las normas de la nueva Constitución debieran ser objeto de recursos ante la Corte Suprema de persistir luego de las votaciones de la próxima semana.

 

Columna de Luis Larraín, Presidente del Consejo, publicada en El Líbero.-