CONVENCIÓN, NEGACIONISMO Y NEGACIÓN

La Comisión de Ética de la Convención Constitucional aprobó una definición de negacionismo que dice: “toda acción u omisión que justifique, niegue o minimice, haga apología o glorifique los delitos de lesa humanidad ocurridos en Chile entre el 11 de septiembre de 1973 y el 11 de marzo de 1990, y las violaciones a los derechos humanos ocurridas en el contexto del estallido social de octubre de 2019 y con posterioridad a éste. Asimismo, … toda acción u omisión que justifique, niegue o minimice, las atrocidades y el genocidio cultural de los que han sido víctima los pueblos originarios y el pueblo tribal afrodescendiente a través de la historia, durante la colonización europea y a partir de la constitución del Estado de Chile”.

La deliberación quizás eliminaría las palabras más aberrantes, como “omisión”, pero nada quita que cualquier norma que se apruebe atentará contra la libertad de opinión y la igualdad ante la ley, al definir qué grupos califican como víctimas. La razón es clara: no se trata de justicia sino de revancha. La comisión de reglamento, a su vez, rechazó una indicación que establecía que “todos los convencionales constituyentes son iguales en jerarquía, deberes y obligaciones”.

Por eso es sorprendente que haya gente que insista que la discusión avanza hacia la construcción de lo que en su oportunidad se denominó “la casa de todos”. También se discute la calificación que se dará a la abstención, pues se quiere disuadir a los convencionales moderados poniéndolos en la disyuntiva de aprobar las propuestas de la izquierda dura o bien votar junto con la derecha.

Los peligros de la convención no se quedan aquí. Todavía no se discuten derechos sociales y el tono para esa deliberación ya la ponen políticos “moderados” como Ximena Rincón, nueva presidenta del Senado. Ella discrepa de la preocupación de economistas por el deterioro de la situación fiscal, que podría llevarnos a gastar nada menos que 6.000 millones de dólares anuales sólo en intereses de la deuda pública si ésta llega al 50% del PIB. Ximena Rincón opina que no hay que limitar el gasto fiscal, sino por el contrario debe expandirse porque Chile tiene un fuerte sustento macroeconómico.

La convención nos prepara otras sorpresas, como la forma en que se garantizarán los “derechos de la naturaleza”, el otro fetiche además de los pueblos originarios que ronda por ahí. Lo que hay en Chile entonces no es negacionismo, sino un intento de inquisición que definiría a priori cuáles son las ideas permitidas.

Lo que sí vivimos es un estado de negación de mucha gente sensata acerca de las Convención. La Constitución que se prepara allí limitará las libertades, impedirá el progreso y nos hundirá en la mediocridad. Sólo cabe hacer control de daños y evitar la tormenta perfecta: Convención, Congreso y Presidente de izquierda.

 

Columna de Luis Larraín, Presidente del Consejo, publicada en La Tercera.-