CHILE Y LOS VIENTOS DE LA ECONOMÍA MUNDIAL

Como lo ha señalado oportunamente Hernán Büchi, el 2020 fue para la economía mundial el año del Covid, el 2021 está siendo el año de las vacunas y en 2022, el Covid será uno de los muchos temas que impactarán la calidad de vida de los pueblos.

¿Cómo se moverá Chile en estos ciclos? El 2020 la economía cayó un 5,8% impactada por las ciudades del país cerradas por largos períodos de cuarentena y la población confinada en sus casas, niños que no asistían a la escuela y pocas actividades productivas funcionando. La inversión sufrió un shock adicional por la incertidumbre política que siguió al 18 de octubre de 2019.

El 2020, en cambio, gracias a la excelente gestión del gobierno en el tema de las vacunas (hay que reconocer los méritos del gobierno en tiempos en que la población lo ha castigado tanto por fallas propias como por las de sus adversarios políticos) Chile crecerá con fuerza. Sólo un par de países en el mundo pueden decir que han vacunado al 80% de la población objetivo y eso empieza a notarse en la economía chilena. El IMACEC de junio habría crecido un 20% y las proyecciones de crecimiento para el año están entre 8,5 y 9,5 % según el Banco Central. La inflación se situará en torno al 4,4%, denotando la mayor presión de demanda y también la devaluación de nuestra moneda que incorpora incertidumbre política, ya que los fundamentos: precio del cobre sobre 4 dólares y otros commodities también favorecidos por la recuperación, tendrían el dólar cerca de 600 pesos y no llegando a los 800. Aun así, Chile crecerá con fuerza el 2020 y la única anomalía estará dada por el empleo. Aunque hacia fines de año el producto interno se habrá recuperado con creces de lo perdido el 2020, el empleo no lo hará. Más de 800 mil puestos de trabajo, cerca del 10% del total, se han perdido y no volverán de aquí a diciembre.

Hay razones de oferta y razones de demanda para explicar la debilidad el empleo. Entre las de demanda está que algunas actividades tardarán más en volver a la normalidad. Otro factor de demanda es más estructural: las empresas han aprendido que se puede producir con menos personas, más productivas por las innovaciones positivas que ha traído la pandemia como trabajo desde el hogar o la mayor flexibilidad laboral, que ojalá no sea revertida por el sindicalismo de orientación socialista.

Las razones de oferta son más difíciles de superar. Aunque ningún político se atreve a decirlo, las familias chilenas en el agregado están percibiendo hoy ingresos superiores a los de un año normal y consumiendo más que nunca. Así lo indican las estadísticas del Banco Central. Claro, hay familias chilenas que lo están pasando mal, pero por lo mismo son indignantes las propuestas de políticos de derecha y de izquierda que abogan por subsidios universales y combaten la focalización del gasto del Estado en los más necesitados.  El resultado es que muchos chilenos no piensan en trabajar si pueden recibir el mismo ingreso sin hacerlo. El ciclo político agrava el problema pues será difícil revertir los subsidios oportunamente. Por eso mi pronóstico es que el año 2022 y los que siguen Chile no aprovechará los buenos vientos de la economía mundial. De partida, debe disminuir el gasto fiscal si se quiere evitar un descalabro. Crecerán los recursos fiscales destinados al pago de intereses desde US$ 840 millones en 2008 (0,5% del PIB) a cerca de US$ 3.000 millones en 2021 (1% del PIB) y puede llegar a más de US$ 4.000 en 2025. Y nadie sabe cómo el país producirá más para pagar esta fiesta.

Columna de Luis Larraín , Presidente del Consejo Asesor de LyD, en Diario Financiero.-