EL VACÍO Y LUEGO ¿LA DEBACLE?

La caída al vacío se extiende por meses y sin contención. Los llamados a resolver el conflicto no dimensionan las consecuencias a las que nos llevará vivir en un país en que el poder no tiene controles ni al que le podamos pedir explicaciones. Ello es alarmante para nuestra libertad

¿Cuánta conciencia tenemos los chilenos de aquello? Algunos políticos y matinales nos muestran que sería escasa. Sin embargo, esa muestra tiene mucho sesgo. Estimo que el menosprecio por el valor de la libertad estaría exacerbado por quienes tienen interés en aplacarla. Ahora bien, si los liberales no jugamos nuestras cartas pueden terminar por lograrlo. En un texto de Estudios Públicos, de Cortés Douglas, se explica por qué. Citando a Hayek, el autor señala que el valor de la libertad está en las oportunidades que brinda para realizar acciones que hoy no existen ni son predecibles. Así, no es extraño que escape a la vista lo que perdemos cuando se restringe la libertad pues para ello se requiere de una comprensión abstracta, más compleja de internalizar que la satisfacción inmediata que nos producen ciertas medidas adoptadas en desmedro de esa pérdida de libertad, la que no se percibe.

De lo anterior se derivan conductas oportunistas, extremadamente pragmáticas y peligrosas para la libertad. ¿A quien debe preocuparle? A la izquierda extrema no, porque no enarbola los principios de una sociedad libre. Tampoco a los populistas carismáticos (como Jiles que, además, es de extrema izquierda) que buscan manipularnos para hacernos creer que hacen algo por nosotros, cuando en realidad solo lo harán hasta que les seamos útiles ¿Y a la centro izquierda y a la derecha liberal?

Inexplicablemente estos sectores no solo han propuesto o apoyado reformas que olvidan presupuestos básicos para ejercer la libertad -como el respeto por la institucionalidad- sino que además perseveran en la búsqueda de acuerdos que, de libres, nada. En primer lugar, porque la oposición los ofrece a la par que grupos de sus filas agitan a la calle violenta para aumentar la presión y solo cuando la contraparte está en el suelo. Cuando la parte débil logra mejorar su posición en la negociación, como ocurrió con el anuncio del proyecto del tercer retiro del gobierno, la oposición no está disponible a acuerdo alguno. Los 24 senadores de oposición le negaron la sal y el agua al presidente el lunes pasado. Su lógica parecía de guerra, no de política adversarial. Solo cuando la oposición recuperó la posición dominante (tras un triunfo pírrico en el TC que no se pronunció sobre el fondo ni visó el actuar del congreso), volvió a llamar a acuerdos.

En segundo lugar, porque los acuerdos que ofrece la oposición no buscan aumentar la libertad. No versan sobre promoción del empleo, la flexibilidad laboral, la modernización de la legislación de sala cuna, la promoción del emprendimiento y la innovación, la vuelta a clases presenciales, o cómo levantar a quienes están en situación de pobreza con instrumentos que los prioricen y les permitan salir adelante por sí mismos. Tampoco sobre cómo empoderar más a las personas ante la burocracia o ante vulneraciones a sus derechos por el sector público y el sector privado. Más bien, sus llamados a acuerdos perseveran en la polarización y en la lucha de clases que han instalado, en que la riqueza y la empresa son mal vistas y deben ser castigadas. Además, buscan extender el poder político, con fórmulas que restringen nuestros derechos. Buscan que vivamos de ellos, del Estado. En el caso de las pensiones, buscan debilitar el derecho de propiedad sobre nuestros fondos al instalar un sistema de reparto que solo aumentará el poder de los políticos sobre esos ahorros que ya no serán de las personas. Para que le digo si logran nacionalizarlos como propone un proyecto de ley de la oposición.

La encuesta CEP y otras muestran que la mayoría de los chilenos son moderados y que valoran su libertad y el derecho de propiedad sobre sus fondos, los que no quieren destinar al reparto. Hoy la centro izquierda en el congreso da vueltas en círculos para aparecer más moderada, ofreciendo acuerdos, pero ya vimos que esos acuerdos no conversan con esa moderación y valoración de la libertad ¿Y la derecha? La derecha, que podría salir jugando con una agenda pro-ciudadanos, alineada con los datos de las encuestas, inexplicablemente, llama a recoger el guante de los acuerdos opositores que solo aumentarán el poder de la política. No se entiende lo que hace la derecha resignada, que no da la batalla habiendo tierra fértil para hacerlo. Y si ella no se da, a la larga se perderá. Las encuestas muestran que aún hay tiempo, pero se requiere coraje ¿Lo hay?

Columna de Natalia González, Directora de Asuntos Jurídicos y Legislativos, publicada en El Mercurio.-