POLÍTICA A PUNTA DE ENDULZANTE

El Mercurio

Son tiempos de promesas electorales y constitucionales. Un nuevo gobierno y una nueva ConstituciĂłn para dejar atrĂĄs frustraciones y desaciertos. La tierra prometida. Justo lo que usted querĂ­a escuchar tras aĂąos muy difĂ­ciles en lo polĂ­tico, social, econĂłmico y sanitario. Pero ÂżserĂĄ posible? Todos deseamos un paĂ­s mejor, pero tambiĂŠn sabemos que ello no se logra de la noche a la maĂąana ni omitiendo los lĂ­mites de lo posible. Tampoco a punta de voluntarismos u ofertones populistas, con tintes autoritarios, que comprometan nuestras libertades.

Usted en el fondo lo sabe. Sus logros han sido fruto de su trabajo y esfuerzo. Usted ha debido lidiar con recursos finitos para alcanzar múltiples objetivos, debiendo priorizar y renunciar a algunos proyectos. Usted ha fracasado y se ha vuelto a levantar consciente de las experiencias aprendidas y de las limitaciones. Y es que no hay otro camino. Y en política tampoco. No es muy popular lo que digo, pero usted no dejaría el destino de su negocio, trabajo o el porvenir de su familia en manos del voluntarismo ¿o sí? Y entonces ¿por qué haría algo distinto al elegir a quien debe dirigir los destinos de la nación en la que aspira ver crecer a sus hijos? Cabe recordar que malas decisiones políticas en materia económica, educacional, en salud, en lo laboral y en tantas otras áreas se traducen en menos oportunidades y en peores prestaciones públicas y privadas que usted necesita, aspira, usa o requiere día a día. La emoción, los buenos deseos y la consigna, como guaripolas del debate político, no nos conducirán a la tierra prometida sino más bien a una pesadilla. Dar credibilidad o ser indiferente a las falacias, por plausibles que parezcan o por endulzadas que se nos presenten, tendrá altísimos costos sobre todo para los más vulnerables y la clase media. Ejemplos de endulzantes los hay por montones: “Democratizar” las instituciones técnicas y autónomas, como el Banco Central, es uno de ellos, pues la fórmula solo debilitará su prestigioso y reconocido rol técnico, pero nos hablan de democratizar. También se plantea “democratizar” los medios de prensa, lo que solo debilitará la libertad de expresión y el rol de control social que ellos cumplen, pero democratizar suena mejor ¿Se da cuenta?

Y en la hora de cuestiones que sin azĂşcar son amargas, pero no por ello eludibles ÂżSabĂ­a usted que el prĂłximo gobierno, cualquiera que sea, y que se precie de ser medianamente responsable, tendrĂĄ poco espacio (casi nulo) de gasto pĂşblico? ÂżCĂłmo puede ser entonces que algunos programas de gobierno se planteen con un elevadĂ­simo costo fiscal, incluso mĂĄs del doble que los que mostraron programas que se construyeron en ĂŠpocas de bonanza y de menor dĂŠficit? ÂżEs factible, en este escenario, que algunos programas (promesas), aseguren rentas bĂĄsicas universales, pensiones universales, ampliar el catĂĄlogo de derechos sociales -que suponen financiamiento estatal- y mejoras salariales, con aportes de recursos fiscales (a la par que se nos promete que trabajaremos diez horas menos a la semana y que se repartirĂĄ, no obstante, el 30% de las utilidades de las empresas a los trabajadores)?

El candidato del Partido Comunista nos dice que serĂ­a factible, porque promoverĂĄ una reforma tributaria estructural que aumentarĂĄ la recaudaciĂłn entre 8 y 10 puntos del PIB y que solo pagarĂĄ el segmento mĂĄs privilegiado ÂżSerĂĄ posible? La administraciĂłn anterior acometiĂł en 2014 una de las mayores reformas tributarias de los Ăşltimos aĂąos con miras a recaudar 3% del PIB. Sin embargo, segĂşn cifras de DIPRES entre 2014 y 2016 la recaudaciĂłn se desplomĂł en lĂ­nea con el bajo crecimiento econĂłmico y en 2018 los cĂĄlculos mostraron que solo recaudĂł la mitad de lo esperado ÂżCĂłmo es posible? Y es que no se puede suponer que reformas de esa envergadura y con los instrumentos que se vienen proponiendo no tengan un impacto negativo en el crecimiento y en la inversiĂłn, mĂĄs aĂşn cuando ademĂĄs se promueven medidas que debilitan la certeza jurĂ­dica, el derecho de propiedad y el discurso polĂ­tico es hostil hacia la empresa. El impacto negativo se traduce, luego, en una menor oferta de empleo y de bienes y servicios y asĂ­ no serĂĄn solo unos pocos los que pagarĂĄn los costos. Los pagaremos todos y el descontento crecerĂĄ.

Los electores deben al menos preguntarse si lo que se promete tiene un mĂ­nimo de sustento y coherencia para no comprometer su futuro, el de sus hijos y de la naciĂłn toda. Es nuestro deber informarnos para tomar buenas decisiones y no rendirnos ante promesas de bienestar azucaradas, mĂĄs aĂşn si nos obligan a ir a votar.

 

Columna de Natalia Gonzålez, Directora de Asuntos Jurídicos y Legislativos, publicada en El Mercurio.- 

Tags:

otras publicaciones

El Mercurio

El LĂ­bero

La Tercera